lunes 17 agosto 2026
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Una etapa superior de Falcon 9 chocará contra la Luna el 5 de agosto: la basura espacial llega al vecino más cercano de la Tierra

Los restos de 13,8 metros y varias toneladas de una etapa superior de un cohete Falcon 9 de SpaceX, lanzado en enero de 2025, impactarán contra la superficie lunar el 5 de agosto a las 8:34 hora de España. El choque ocurrirá cerca del cráter Einstein, a una velocidad de 8.700 km/h, y dejará un cráter de unos 17 metros. Un grupo de 23 científicos ya coordina una campaña internacional de observación del impacto, que podría ser visible desde la Tierra.

En menos de diez días, la Luna sumará un nuevo cráter. No lo habrá producido un meteorito: será el resultado de la falta de gestión de una pieza de hardware espacial que lleva 18 meses vagando sin control entre la Tierra y la Luna.

La comunidad científica internacional está preparando una campaña de observación de cara al miércoles 5 de agosto, cuando un fragmento de basura espacial chocará con la superficie de la Luna, en la zona límite entre la cara visible y la oculta.

Se trata de los restos de la etapa superior de un cohete Falcon 9 de SpaceX, de 13,8 metros de longitud. Esta fue abandonada en el espacio después de su lanzamiento el 15 de enero de 2025, en una misión que tuvo como objetivo el transporte de dos módulos de aterrizaje a la Luna: Blue Ghost, de la compañía Firefly Aerospace, y Hakuto-R, de ispace.

Fue precisamente el astrónomo norteamericano Bill Gray -el mismo que en 2022 predijo el impacto de otra etapa superior en la Luna- quien identificó y calculó la trayectoria del objeto.

Por qué el cohete no se desintegró como estaba previsto

En los lanzamientos que transportan carga hacia la Luna o más allá, la etapa superior del cohete -el componente que hace el último empuje para poner la carga útil en su trayectoria final- queda en una órbita muy extendida que normalmente la lleva de regreso a la atmósfera terrestre, donde se desintegra por el calor de la fricción al reingresar. Ese es el procedimiento estándar de disposición.

La etapa debía reentrar en la atmósfera terrestre y desintegrarse en mayo, pero esto no llegó a suceder. Los objetos en órbitas muy elípticas pueden ser capturados gravitacionalmente por la Luna antes de volver a cruzar la atmósfera terrestre, y eso es precisamente lo que ocurrió: la etapa quedó atrapada en una órbita caótica dominada por la gravedad combinada de la Tierra, la Luna y el Sol, que la condujo eventualmente a una trayectoria de impacto con la superficie lunar.

El impacto: dónde, cuándo y qué dejará

Según el informe de Bill Gray, el objeto impactará cerca del cráter Einstein, a las 8:34 hora peninsular española del 5 de agosto. El choque se producirá a una velocidad estimada de 8.700 kilómetros por hora, suficiente para generar un nuevo cráter de unos 17 metros de diámetro.

El cráter Einstein se encuentra en el borde noroeste de la cara visible de la Luna, en la región liminal entre la cara que siempre vemos y la cara oculta. Esa ubicación tiene una implicancia práctica importante para los observadores.

Gray ha afirmado que el hecho de que el impacto se produzca cerca del borde visible de la Luna es una ventaja: es posible que se vea el destello al estrellarse el cohete o las rocas expulsadas del cráter, aunque esto se sabrá con mayor exactitud conforme se acerque el momento.

La campaña científica internacional

Un grupo de 23 científicos de varios países ha publicado un comunicado en el servidor arXiv haciendo un llamamiento para coordinar la campaña de observación del evento. Sostienen que este podría aportar nuevos datos sobre los riesgos que supone para la Luna la basura espacial fuera de control, una información fundamental para la preparación de tripulaciones e infraestructuras proyectadas para el programa Artemis de la NASA o el programa lunar chino.

Los datos científicos más valiosos del impacto no provendrán del destello en sí, sino del análisis espectroscópico del material eyectado. Cuando un objeto impacta a alta velocidad, la roca lunar sale disparada a gran altitud formando una nube de polvo y fragmentos que puede analizarse con instrumentos ópticos e infrarrojos para determinar la composición química del subsuelo lunar en esa zona —información relevante para los futuros asentamientos del programa Artemis.

La voz de la advertencia: la gestión de la basura espacial

El impacto no supone ningún riesgo para nadie, pero su significado simbólico y técnico es claro. El astrónomo Gray señaló que el suceso «pone de manifiesto una falta de cuidado en la gestión de restos de hardware o basura espacial».

No es la primera vez que algo así ocurre. En marzo de 2022, una etapa superior de un cohete chino -identificada inicialmente por el propio Gray como otra etapa de Falcon 9 antes de que estudios posteriores corrigieran la atribución- impactó contra la cara oculta de la Luna, dejando un cráter doble de características inusuales que los científicos atribuyeron a que el objeto no era un cilindro simple sino una estructura con dos masas en sus extremos.

La diferencia es que en este caso la atribución es clara desde el principio: es una etapa superior de Falcon 9 de SpaceX, y no hay ambigüedad sobre su origen.

El contexto regulatorio: un vacío que se vuelve urgente

El episodio vuelve a poner en evidencia un vacío regulatorio que la industria espacial viene evitando abordar: no existe ningún tratado internacional ni regulación vinculante que obligue a los operadores a gestionar de forma responsable el destino de las etapas superiores de sus cohetes cuando estas quedan en órbitas de transferencia hacia la Luna o más allá.

Las directrices de mitigación de basura espacial de la ONU y el Comité de Uso Pacífico del Espacio Exterior (COPUOS) exigen que los objetos en órbita baja reentren en la atmósfera en un plazo máximo de 25 años -un estándar que muchos operadores ya incumplen- pero no contemplan específicamente los objetos en órbitas cislunar y translunar que no regresan a la Tierra.

Para América Latina, cuyas agencias espaciales están construyendo infraestructura satelital propia y cuyas universidades y observatorios participan activamente en la vigilancia del espacio -el Observatorio Astronómico Félix Aguilar en Argentina o el Observatorio Nacional en Brasil, entre otros- el impacto del 5 de agosto es también una oportunidad de participar en la campaña científica coordinada desde arXiv y contribuir con datos de observación al conjunto de la comunidad internacional.

La Luna, que en los últimos dos años se ha convertido en el destino más concurrido de la exploración espacial, empieza a acumular también los residuos de esa actividad. La carrera lunar del siglo XXI ya tiene su primera pregunta ambiental pendiente de respuesta.