El 17 de julio, SpaceX canceló automáticamente el decimotercer vuelo de prueba del Starship V3 sobre Starbase, Texas, al detectar que algunos motores Raptor del propulsor Super Heavy no arrancaron durante la secuencia de ignición. La compañía debió descargar el propelente y posponer la misión sin fecha definida. El incidente profundiza los retrasos del vehículo que la NASA eligió para regresar a la Luna en 2027 con el programa Artemis.
El cohete más potente jamás construido volvió a quedarse en tierra. SpaceX abortó el decimotercer vuelo de prueba del Starship en la fase final de la cuenta regresiva, cuando la secuencia de encendido de los motores Raptor del propulsor Super Heavy no se completó correctamente. La ventana de lanzamiento se había abierto a las 17:45 hora local en el puerto espacial de Starbase, en la costa de Texas, pero el sistema de seguridad del cohete detectó la anomalía y detuvo el proceso de forma automática antes del despegue.
«Algunos de los motores no arrancaron, lo que provocó un aborto automático del lanzamiento; ahora se está descargando el propelente», escribió Elon Musk en su cuenta de X. La compañía reconoció desconocer el motivo específico del fallo al momento del aborto, y no adelantó una fecha concreta para retomar la misión, aunque Musk indicó que el próximo intento se realizará «dentro de unos días».
Qué se estaba intentando hacer
El vuelo 13 era el segundo en la configuración V3 del Starship, una versión actualizada del sistema que introdujo mejoras tanto en el hardware como en el software respecto a las versiones anteriores. La misión tenía dos objetivos principales: corregir los errores técnicos registrados durante el vuelo 12 -en particular, problemas con la maniobra de giro del propulsor Super Heavy y el reencendido de los motores del booster en vuelo- y realizar el primer despliegue de prueba de 20 satélites Starlink V3.
El aborto ocurrió durante la secuencia de ignición de los motores Raptor del Super Heavy, el propulsor de primera etapa del sistema. El Super Heavy lleva 33 motores Raptor -en sus versiones más recientes- que deben encender de forma coordinada en una secuencia precisa para alcanzar el empuje necesario. Si un número suficiente de motores no arranca dentro de los parámetros esperados, el sistema de seguridad interrumpe el lanzamiento automáticamente para proteger la integridad del vehículo y las instalaciones.
Los motores Raptor son propulsores de ciclo de combustión por etapas que queman metano y oxígeno líquido, lo que los hace altamente eficientes pero también más complejos de gestionar durante el arranque que los motores de queroseno convencionales. La secuencia de ignición de 33 motores simultáneos es uno de los desafíos técnicos más complejos del programa.
Un patrón que se repite
Esta no es la primera vez que el programa Starship enfrenta un aborto en la cuenta regresiva. El primer vuelo del V3 también fue aplazado tras detectarse un fallo en tierra durante los preparativos, antes de lograr despegar. El historial del programa incluye vuelos que terminaron en explosión, misiones que alcanzaron sus objetivos parcialmente y aplazamientos repetidos entre intentos.
La metodología de SpaceX para el desarrollo del Starship se basa en el principio de «fallar rápido y aprender»: construir, probar, destruir si hace falta y corregir. Este enfoque, que la compañía aplicó con éxito al programa Falcon 9, genera un ritmo de aprendizaje acelerado pero también una acumulación de retrasos que complica la planificación de terceros que dependen del vehículo.
Las consecuencias para la NASA y el programa Artemis
El aborto del vuelo 13 llega en un momento de alta tensión para el programa Artemis. Los contratiempos en el desarrollo del Starship podrían comprometer el calendario de la NASA para llevar de nuevo astronautas a la Luna en 2027, una fecha que ya tuvo que aplazarse en varias oportunidades debido a los retrasos acumulados en el desarrollo del vehículo.
El Starship fue seleccionado por la NASA como el sistema de aterrizaje lunar (HLS) para las misiones Artemis III, IV y V: es el único vehículo en el programa capaz de descender desde la órbita lunar y posarse en la superficie del polo sur. No existe un plan B contractualmente activo en caso de que el Starship no esté listo a tiempo.
Cada vuelo de prueba fallido o abortado no solo retrasa la certificación del vehículo para misiones con tripulación, sino que también reduce el margen disponible para las pruebas de integración con el traje espacial lunar, el Gateway y los sistemas de soporte vital que la NASA necesita validar antes de un vuelo tripulado.
La competencia que observa
El fracaso del vuelo 13 también es una buena noticia relativa para Blue Origin, la empresa de Jeff Bezos, que también compite por un papel en el retorno a la Luna con su cohete New Glenn y el módulo de aterrizaje Blue Moon. Aunque Blue Origin atraviesa sus propios problemas -la explosión de la plataforma de lanzamiento del New Glenn en mayo pasado sigue sin fecha de regreso a vuelo-, cada tropiezo de Starship reduce la ventaja acumulada de SpaceX en la carrera lunar.
Para América Latina, donde el desarrollo del Starship es seguido con atención no solo como noticia espacial sino como termómetro de la viabilidad del acceso al espacio de bajo costo que SpaceX prometió —y sobre el que reposan los modelos de negocio de docenas de operadores satelitales, incluyendo los que planifican cobertura regional—, el aborto del vuelo 13 es un recordatorio de que el salto tecnológico más ambicioso de la industria espacial privada todavía tiene un largo camino de validación por delante.




