En apenas cuatro días, la Fuerza Espacial de EE.UU. adjudicó a SpaceX dos contratos millonarios para construir infraestructura satelital crítica: una red de comunicaciones seguras y un sistema de rastreo de amenazas aéreas desde el espacio. Los acuerdos consolidan a la compañía como el principal proveedor de arquitectura espacial militar del Pentágono, días antes de su salida a bolsa.
La semana del 26 al 29 de mayo de 2026 marcó un hito en la expansión del poder espacial militar estadounidense. El Space Systems Command (SSC), organismo de adquisiciones de la Fuerza Espacial de EE.UU. (USSF), adjudicó a SpaceX dos contratos en apenas cuatro días, sumando en conjunto más de 6.400 millones de dólares. Ambos contratos fueron emitidos bajo la modalidad Other Transaction Authority (OTA), un mecanismo de contratación ágil que permite al Departamento de Defensa saltear parte de la burocracia tradicional para acelerar el desarrollo de tecnologías críticas.
Contrato 1: la columna vertebral de las comunicaciones militares en órbita
El 26 de mayo, el SSC adjudicó a SpaceX un contrato de 2.290 millones de dólares para construir el Space Data Network (SDN) Backbone, una constelación de satélites en órbita baja terrestre (LEO) diseñada para proporcionar transporte de datos de alta capacidad y baja latencia para las fuerzas armadas conjuntas de EE.UU.
En términos simples, la SDN funcionará como el «caño» por el que fluirá la información entre los distintos sistemas militares: sensores, interceptores de misiles, drones y unidades en el terreno. La red operará como una malla óptica interconectada de satélites, entregando comunicaciones tácticas y de banda ancha en todo el mundo.
Anteriormente conocido como MILNET, el programa es una iniciativa conjunta entre la Fuerza Espacial y la Oficina de Reconocimiento Nacional (NRO), basada en los satélites Starshield de SpaceX, una versión militarizada de la plataforma Starlink adaptada para aplicaciones de seguridad nacional.
El contrato es de precio fijo y exige a SpaceX entregar un prototipo completamente operativo antes de fin de 2027. Los documentos presupuestarios de la Fuerza Espacial indican que el servicio planea adquirir 13 satélites para la SDN en 2026 y 21 en 2027.
Contrato 2: una constelación para detectar aviones y misiles desde el espacio
El 29 de mayo, el SSC adjudicó a SpaceX un contrato de 4.160 millones de dólares para construir una constelación de satélites destinada a rastrear blancos aéreos desde órbita, en el marco del programa Space-Based Airborne Moving Target Indicator (SB-AMTI). El sistema apunta a detectar, rastrear y mantener seguimiento de aviones de combate, bombarderos, misiles de crucero e incluso armas hipersónicas.
El SB-AMTI está concebido como un sistema de sistemas interconectados que combina sensores satelitales, enlaces de comunicaciones seguros y procesamiento en tierra para intensificar la cooperación entre los distintos actores del sector espacial gubernamental.
Históricamente, esta misión de vigilancia aérea era ejecutada por aeronaves como el AWACS E-3 Sentry. Las plataformas aéreas militares enfrentan crecientes dificultades a medida que los adversarios desarrollan sistemas de negación de acceso y área (A2/AD), lo que impulsa la necesidad de arquitecturas de rastreo más resilientes y difíciles de neutralizar.
La Fuerza Espacial tiene previsto que la constelación quede operativa en 2028, aunque no especificó cuántos satélites entregará SpaceX en esta primera fase. El presupuesto para el año fiscal 2027 contempla una solicitud de aproximadamente 7.000 millones de dólares adicionales para expandir el programa SB-AMTI, aunque esos fondos dependen de la aprobación de una ley de reconciliación presupuestaria en el Congreso.
Dos contratos, una estrategia
Tomados en conjunto, los dos contratos posicionan a SpaceX en el centro de dos elementos clave de la arquitectura espacial emergente del Pentágono: las comunicaciones y la vigilancia. Ambos programas son también pilares del sistema antimisiles Golden Dome, la iniciativa insignia de la administración Trump para la defensa del territorio estadounidense.
Vale señalar que, pese a la magnitud de los acuerdos, la Fuerza Espacial dejó en claro que no pretende depender exclusivamente de un solo proveedor. El mando indicó que prevé anunciar múltiples contratos adicionales en el próximo año con el objetivo de lograr una expansión diversificada de su base industrial.
Para América Latina, estos contratos son una señal inequívoca de la dirección que toma la seguridad espacial global: la órbita baja ya no es solo un dominio comercial o científico, sino un teatro de operaciones militares en plena construcción. Los países latinoamericanos que desarrollan capacidades satelitales propias -Brasil y México, y antes del actual gobierno, Argentina- deberán monitorear de cerca cómo esta militarización del espacio afecta las normas internacionales que regulan el uso pacífico de la órbita.
