El cohete Larga Marcha-2F Y23 despegó este domingo desde Jiuquan con una tripulación que incluye a la primera astronauta de Hong Kong en la historia. Uno de los tres miembros permanecerá en la estación orbital durante aproximadamente un año, en la misión espacial tripulada más larga de China hasta la fecha, mientras Pekín apunta a llegar a la Luna antes de 2030.
China ejecutó este domingo el lanzamiento de la misión Shenzhou-23 desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan, en el noroeste del país. La nave, impulsada por un cohete Larga Marcha-2F Y23, representa el vuelo número 40 del programa espacial tripulado chino y la séptima misión de la fase de ampliación y desarrollo de la estación espacial Tiangong, operativa desde 2021. Según la Agencia de Vuelos Espaciales Tripulados de China (CMSA), la nave logró acoplarse con éxito al módulo central Tianhe de la estación orbital.
Para entender la arquitectura de la misión: Tiangong es la estación espacial propia de China, equivalente funcional de la Estación Espacial Internacional (ISS), que orbita a unos 400 kilómetros de altitud. El módulo Tianhe es su núcleo central, donde residen los astronautas y se concentra el control de vuelo. El acoplamiento consiste en la maniobra de aproximación y unión mecánica y hermética entre la nave tripulada y ese módulo, un procedimiento técnicamente complejo que China ha ejecutado con éxito de manera repetida en los últimos años.
La tripulación: un hito histórico para Hong Kong
Los tres miembros de la misión son Zhu Yangzhu, Zhang Zhiyuan y Lai Ka-ying. El comandante Zhu, ingeniero de vuelo, ya participó en la misión Shenzhou-16 y pertenece a la división de astronautas del Ejército Popular de Liberación chino, al igual que Zhang, piloto de la nave. Lai Ka-ying, especialista en carga útil, es ex inspectora de la Policía de Hong Kong y se convirtió en la primera astronauta de esa ciudad al participar en una misión espacial china.
El rol de «especialista de carga útil» es técnico: se trata del miembro de la tripulación a carga de los experimentos científicos que se llevan a bordo, diferenciado del piloto y del comandante, que son responsables de la operación de la nave.
Una misión de larga duración con experimentos científicos.
Dos de los astronautas permanecerán en la estación espacial durante los próximos seis meses, mientras que uno se quedará aproximadamente un año, en lo que será una de las misiones espaciales tripuladas más largas de la historia. La CMSA señaló que la elección del astronauta que completará el año de permanencia se determinará más adelante, en función del desarrollo de la misión.
La extensión de la misión no es un capricho logístico: las estancias prolongadas permiten estudiar cómo el cuerpo humano responde al entorno de microgravedad en períodos extendidos, datos esenciales para planificar viajes interplanetarios o misiones de larga duración hacia la Luna.
Durante la misión, la tripulación participará en más de un centenar de experimentos vinculados a ciencias de la vida espacial, ciencia de materiales, comportamiento de fluidos en microgravedad, medicina espacial y nuevas tecnologías. Parte del material científico fue enviado en el lanzamiento y también a bordo de la nave Tianzhou-10, que llegó a Tiangong a principios de mes.
El equipo de Shenzhou-23 convivirá unos días en la estación con los astronautas de la misión Shenzhou-21, en órbita desde octubre del año pasado. Esa superposición de tripulaciones permite una transferencia de conocimiento operativo entre los equipos entrante y saliente, y facilita la continuidad de los experimentos en curso.
La Luna como destino: la competencia con Artemis
El lanzamiento de la Shenzhou-23 se enmarca en el impulso del programa espacial chino hacia la Luna, en competencia directa con el programa estadounidense Artemis, que busca regresar al satélite en 2028. Pekín aspira a enviar una misión tripulada antes de 2030, aunque todavía enfrenta el desafío de desarrollar nuevos sistemas, tecnologías y misiones de preparación, incluidas estancias prolongadas en el espacio como la prevista para esta última misión.
La carrera es real y tiene consecuencias geopolíticas que van más allá de la exploración científica. Quien llegue primero a la Luna en el siglo XXI establecerá los términos del acceso a recursos estratégicos —como el helio-3 y el agua en forma de hielo polar— y consolidará su posición en la gobernanza del espacio cislunar, la región orbital entre la Tierra y la Luna que será el escenario de la próxima economía espacial.
La mirada latinoamericana
Para América Latina, el avance chino en exploración espacial tripulada tiene implicaciones concretas. China es hoy el principal socio espacial de varios países de la región: ha firmado acuerdos con Argentina -donde opera la estación de seguimiento de Neuquén-, Brasil, Venezuela, Bolivia y Ecuador, entre otros. A medida que Pekín acumula capacidades en misiones tripuladas de larga duración y tecnologías de interacción orbital, su oferta de cooperación para países con programas espaciales en desarrollo se vuelve más robusta y estratégicamente atractiva.
La Shenzhou-23 no es solo una misión de exploración: es también una señal de que la carrera espacial del siglo XXI tiene dos protagonistas con capacidades reales, y que los países de la región deberán navegar con criterio propio entre las órbitas de influencia que ambos proyectan.





