La empresa española Orbital EOS confirmó un vertido de crudo cerca de la isla iraní de Jarg usando imágenes ópticas del Sentinel-2 y radar del Sentinel-1. La mancha llegó a cubrir 194 km² y su origen aún no fue determinado. El caso ilustra el rol insustituible de la observación satelital en zonas de alta sensibilidad geopolítica.
La detección
El pasado 6 de mayo, a las 09:30 hora peninsular española, imágenes ópticas del satélite europeo Sentinel-2 permitieron localizar un derrame de petróleo cerca de las coordenadas 29°13’N, 50°16’E, al oeste de la isla iraní de Jarg, dentro de la Zona Económica Exclusiva de Irán en el Golfo Pérsico. Se trata de una de las vías marítimas más transitadas del mundo, con un tráfico intenso de buques tanque y una actividad de exportación petrolera que la convierte en zona de vigilancia permanente.
La empresa responsable del monitoreo es Orbital EOS, compañía española especializada en la detección de vertidos de hidrocarburos mediante inteligencia satelital multifuente. Sus primeras estimaciones apuntaban a una superficie afectada de 52 km², con un volumen de crudo estimado entre 30 y 300 barriles.
Dos sensores, dos imágenes, una dimensión mucho mayor
Lo que en un primer momento parecía un derrame acotado se reveló bastante más extenso cuando se incorporó un segundo tipo de sensor. Horas más tarde, imágenes SAR (Radar de Apertura Sintética) del satélite Sentinel-1, adquiridas el mismo 6 de mayo a las 16:42, permitieron identificar una extensión significativamente mayor del derrame, de aproximadamente 194 km².
La diferencia entre ambas mediciones no es un error: es la naturaleza complementaria de los dos sistemas. Mientras el Sentinel-2 opera en el espectro óptico visible -similar a una fotografía de alta resolución tomada desde el espacio-, el Sentinel-1 utiliza radar, una tecnología que emite sus propias microondas y mide el reflejo de la superficie oceánica. El radar puede operar de noche y atravesar nubes, y es especialmente sensible a las películas de aceite sobre el agua porque amortiguan el oleaje y reducen el retorno de señal, haciendo que la mancha aparezca oscura sobre el fondo marino.
Evolución y fragmentación de la mancha
Según las últimas imágenes disponibles, la mancha continúa desplazándose hacia el suroeste y actualmente se localiza a aproximadamente 45 kilómetros de la isla de Jarg, con una superficie estimada de 110 km². Las imágenes más recientes muestran además que el vertido se dividió en dos secciones diferenciadas, una de ellas de menor tamaño y más próxima a la línea de costa.
Orbital EOS combina las imágenes satelitales con modelos de deriva oceánica, que simulan cómo el viento, las corrientes y la temperatura del agua desplazan y transforman una mancha de crudo a lo largo del tiempo. Este tipo de modelado es clave para anticipar qué zonas costeras o ecosistemas marinos podrían verse afectados.
El origen, bajo investigación
A pesar de la confirmación del vertido, su causa permanece sin determinar. Orbital EOS advirtió que «no resulta prudente atribuir por el momento el origen del evento a una infraestructura concreta, operaciones de un petrolero o cualquier otra causa específica sin una correlación adicional con datos de tráfico marítimo, condiciones meteo-oceanográficas y otra información verificable de forma independiente».
Esta cautela metodológica es estándar en el sector: identificar una mancha es técnicamente posible desde el espacio; identificar al responsable requiere cruzar los datos satelitales con el Sistema de Identificación Automática (AIS) de los buques, registros portuarios e información de infraestructuras offshore.
Por qué importa más allá del Golfo Pérsico
El seguimiento de este evento pone de relieve el papel clave de los satélites de observación de la Tierra en la vigilancia marítima y la monitorización ambiental, y destaca que las imágenes satelitales constituyen la única forma viable de comprender fenómenos de este tipo en regiones consideradas zonas de conflicto o de alta sensibilidad geopolítica, donde desplegar otros medios de observación resulta extremadamente complejo o directamente imposible.
Para América Latina, la relevancia es directa. Regiones como el Golfo de México, el litoral venezolano o las costas de Brasil -todas con intensa actividad de extracción y transporte de hidrocarburos- enfrentan riesgos equivalentes y cuentan con coberturas satelitales del programa Copernicus de la ESA, el mismo que opera los Sentinel. La capacidad de detectar, cuantificar y rastrear un derrame en tiempo casi real desde el espacio es hoy una herramienta disponible, aunque su aprovechamiento pleno depende de que existan organismos nacionales o regionales con la capacidad técnica para activarla e interpretarla.





