sábado 17 octubre 2026
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Rocket Lab gana tres misiones de la NASA para 2027: estudiará nubes de hielo tropicales y la energía solar que llega a la Tierra

La agencia espacial estadounidense adjudicó a Rocket Lab tres lanzamientos dedicados de su cohete Electron para transportar las misiones científicas PolSIR y TSIS-2, previstas para el primer semestre de 2027 desde Nueva Zelanda. El contrato, enmarcado en el programa VADR, confirma la apuesta de la NASA por cohetes de pequeña clase para misiones con requisitos orbitales específicos y marca un giro respecto al plan original de volar como pasajero secundario en un Falcon 9 de SpaceX.

La NASA sigue diversificando sus proveedores de lanzamiento y Rocket Lab sigue siendo el principal beneficiario de esa estrategia. La compañía se aseguró un contrato con la NASA para llevar a cabo tres lanzamientos dedicados en 2027, que transportarán dos misiones científicas clave: PolSIR y TSIS-2, diseñadas para estudiar los hielos en las nubes tropicales y la radiación solar que llega a la Tierra, respectivamente.

La adjudicación, anunciada el 25 de junio por la agencia espacial estadounidense, se enmarca dentro del contrato VADR (Venture-Class Acquisition of Dedicated and Rideshare), un programa diseñado para adquirir servicios de lanzamiento para satélites pequeños, que permite a la NASA realizar pedidos de misiones específicas con un valor máximo de contrato de 300 millones de dólares.

PolSIR: dos satélites para entender las nubes que alimentan las tormentas

La misión PolSIR (Radiómetro Polarizado Submilimétrico de Nubes de Hielo) tiene como objetivo mejorar la comprensión de las nubes de hielo que se forman en altitudes elevadas en las regiones tropicales y subtropicales. Es una pregunta científica con consecuencias directas para la predicción meteorológica en toda la franja ecuatorial, incluida América del Sur.

El proyecto consta de dos pequeños satélites del tipo CubeSat de 16U cada uno, construidos por Blue Canyon Technologies, que volarán en órbitas separadas con una inclinación de 52 grados. Esto les permitirá pasar sobre la misma zona con varias horas de diferencia para medir cómo varían los cristales de hielo a lo largo del día y cómo estas fluctuaciones influyen en el desarrollo de las tormentas.

Un CubeSat 16U es un nanosatélite de formato estandarizado que mide aproximadamente 20 × 20 × 34 centímetros: un dispositivo compacto y de bajo costo que, desplegado en pareja con separación temporal, permite medir la evolución temporal de un mismo fenómeno atmosférico desde el espacio.

TSIS-2: medir la energía que el Sol entrega a la Tierra

La misión TSIS-2 (Sensor de Irradiancia Solar Total y Espectral) será la sucesora del instrumento TSIS-1, actualmente montado en el exterior de la Estación Espacial Internacional (ISS). El nuevo satélite, fabricado por General Atomics Electromagnetic Systems, medirá la cantidad total de energía solar que entra en la atmósfera terrestre y su distribución en diferentes longitudes de onda: ultravioleta, visible e infrarroja.

Estos datos son cruciales para predecir la recuperación de la capa de ozono, realizar pronósticos de calidad del aire y comprender mejor las corrientes oceánicas y los patrones climáticos. Para América Latina, donde el monitoreo de la irradiancia solar es relevante tanto para la agricultura como para la gestión de energía solar a escala regional, los datos que produzca TSIS-2 tendrán aplicaciones concretas.

El giro estratégico: de pasajero secundario a misión dedicada

Uno de los datos más significativos del anuncio es el cambio de planes de la NASA respecto a TSIS-2. Originalmente se esperaba que el TSIS-2 viajara como pasajero secundario en un cohete Falcon 9 de SpaceX, compartiendo el lanzamiento con otros satélites. Sin embargo, la NASA decidió cambiar de estrategia y asignar una misión dedicada en un cohete Electron.

Aunque la agencia no ha detallado el motivo exacto del cambio, el proyecto TSIS-2 arrastraba un retraso significativo en su calendario por problemas con su proveedor, y la opción de un lanzamiento exclusivo le otorga mayor flexibilidad y control sobre su propia misión. Un lanzamiento dedicado permite al cliente definir la órbita exacta, el momento preciso y las condiciones del despliegue, algo que en un lanzamiento compartido queda condicionado a las necesidades del cohete en su conjunto.

El calendario y la plataforma de lanzamiento

Los dos lanzamientos de la misión PolSIR están programados para junio de 2027, realizándose de forma consecutiva desde la plataforma Launch Complex 1 de Rocket Lab en Mahia, Nueva Zelanda. El lanzamiento de TSIS-2 se efectuará desde la misma base a principios de 2027.

Nueva Zelanda es la base de operaciones principal de Rocket Lab para el hemisferio sur, y su posición geográfica la convierte en un punto estratégico para alcanzar órbitas de inclinación media como la de 52 grados que requiere PolSIR, especialmente favorable para cubrir la franja tropical y subtropical del planeta donde se estudiarán las nubes de hielo.

El modelo que se consolida: cohetes pequeños para ciencia de precisión

Este contrato subraya la apuesta de la NASA por cohetes de pequeña clase. La elección de Electron, que ha completado casi 90 lanzamientos y desplegado más de 260 satélites, refuerza el modelo de negocio de Rocket Lab para misiones científicas con requisitos orbitales muy específicos que no pueden satisfacerse fácilmente en un lanzamiento compartido.

«Electron se ha convertido en sinónimo de fiabilidad, precisión orbital y capacidad de lanzamiento bajo demanda, y hemos estado ofreciendo esto para las misiones de la NASA durante casi una década. Estamos orgullosos de volver a hacerlo para PolSIR y TSIS-2», declaró Peter Beck, CEO de Rocket Lab.

Las misiones se suman a otros encargos de la NASA, como el lanzamiento de la misión astrofísica Aspera, previsto para este mismo año, y la misión de demostración tecnológica Loxsat, que también usará un vehículo Photon de Rocket Lab.

Para América Latina, este tipo de contratos señala una tendencia que los actores espaciales dela región deben seguir de cerca: la maduración de los cohetes de pequeña clase como herramienta científica de precisión está abaratando el acceso al espacio para misiones de observación terrestre y climática, abriendo una vía potencial para que agencias como la CONAE argentina o la AEB brasileña puedan financiar lanzamientos dedicados sin depender de las ventanas y restricciones de los cohetes de gran porte.