miércoles 7 octubre 2026
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NASA revela el cráter que dejó un Falcon 9 en la Luna y aporta nuevas pistas sobre su subsuelo

La sonda Lunar Reconnaissance Orbiter fotografió el impacto de una etapa superior de SpaceX ocurrido el 5 de agosto. Las imágenes permiten medir el cráter, estudiar el material expulsado y poner a prueba técnicas que también serán útiles para futuras misiones de defensa planetaria.

La NASA obtuvo las imágenes más detalladas hasta ahora del cráter que dejó en la Luna una etapa superior de un Falcon 9 de SpaceX, que impactó contra la superficie lunar el pasado 5 de agosto después de permanecer más de un año a la deriva en el espacio. Las fotografías fueron tomadas por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) y permiten estudiar no sólo las dimensiones de la nueva formación, sino también los materiales que quedaron expuestos tras el impacto.

La etapa superior había sido utilizada en enero de 2025 para lanzar la misión Blue Ghost 1, de Firefly Aerospace. Una vez completada su función, quedó en una trayectoria que terminó llevándola hacia la Luna debido a la interacción de las fuerzas gravitatorias y la actividad solar. NASA había seguido su trayectoria y anticipado que el impacto no representaría ningún riesgo para la Tierra.

Un cráter de 18 metros

Las nuevas imágenes obtenidas por la LRO muestran un cráter de aproximadamente 18 metros de diámetro y menos de tres metros de profundidad. El impacto se produjo a una velocidad cercana a los 8.700 kilómetros por hora, generando una importante expulsión de polvo y fragmentos del terreno lunar.

Uno de los aspectos más interesantes para los investigadores está alrededor del cráter. Las fotografías muestran rayos claros y oscuros que se extienden desde el punto de impacto.

Las zonas más oscuras corresponden a polvo y rocas que permanecieron durante largos períodos en la superficie y fueron modificados por la radiación solar, los rayos cósmicos y los impactos de micrometeoritos. En cambio, las regiones más claras corresponden a material que estaba enterrado y quedó expuesto tras la colisión.

El impacto permitió así realizar una suerte de «excavación» natural del terreno lunar: el material expulsado desde una profundidad de alrededor de 45 centímetros ofrece información sobre capas que normalmente permanecen ocultas.

Una maniobra orbital de alta precisión

Obtener las imágenes tampoco fue una tarea sencilla. La LRO se encontraba aproximadamente a 97 kilómetros sobre la superficie lunar, desplazándose a unos 1,6 kilómetros por segundo. Para apuntar sus instrumentos hacia el lugar exacto del impacto, los controladores tuvieron que modificar cuidadosamente la orientación de la sonda.

El desafío estaba determinado por la combinación entre la órbita polar de la LRO y la rotación de la Luna. Según la NASA, un error de apenas 10 segundos habría desplazado el objetivo unos 16 kilómetros respecto del encuadre previsto.

La cámara de ángulo estrecho de la LRO permitió posteriormente obtener imágenes con una resolución capaz de distinguir objetos de aproximadamente 90 centímetros.

Danuri también fue clave

La investigación del impacto involucró además a la misión lunar surcoreana Danuri. Antes de que la LRO pudiera obtener sus imágenes, la sonda surcoreana utilizó su cámara de alta resolución LUTI para fotografiar el lugar. Esa información ayudó a confirmar la ubicación del nuevo cráter y permitió a los equipos de la NASA ajustar con mayor precisión la secuencia de observación de la LRO.

La localización inicial también tuvo un componente de ciencia colaborativa. Astrónomos independientes utilizaron datos públicos para reconstruir la trayectoria de la etapa del Falcon 9. Posteriormente, el Center for Near Earth Object Studies (CNEOS) de la NASA refinó los cálculos hasta determinar el área probable del impacto. La predicción tuvo un margen de error inferior a un kilómetro.

El trabajo conjunto permitió establecer finalmente las coordenadas del cráter en 19,4759° de latitud norte y 266,7138° de longitud este.

Un impacto accidental que sirve como experimento

Aunque la colisión fue accidental, para los científicos representa una oportunidad poco frecuente. En este caso se conocían previamente parámetros como la masa aproximada del objeto, su trayectoria y la velocidad prevista de impacto. Eso permite comparar las predicciones realizadas mediante modelos físicos con los efectos observados sobre el terreno.

El evento también aporta información sobre la dinámica de los impactos artificiales en la Luna, el comportamiento del regolito y la distribución del material expulsado.

Además, la NASA considera que las técnicas utilizadas para localizar y predecir el impacto pueden ser útiles para mejorar herramientas de defensa planetaria, especialmente aquellas destinadas a determinar la trayectoria de objetos potencialmente peligrosos.

La Luna también enfrenta el problema de los residuos espaciales

El episodio tiene otra lectura relevante para la industria espacial. A medida que aumentan las misiones comerciales y gubernamentales hacia la Luna, también crece la cantidad de hardware que queda en el entorno lunar o termina impactando contra su superficie. La etapa del Falcon 9 constituye un ejemplo de los desafíos asociados a la gestión de vehículos una vez terminada su misión.

La cuestión adquiere mayor importancia con el desarrollo de futuras infraestructuras lunares. Un impacto lejos de una zona de actividad puede ser principalmente un fenómeno científico; uno próximo a una base, un vehículo, un instrumento o una zona de interés histórico podría tener consecuencias mucho más serias.

Por eso, el seguimiento de objetos en el espacio cislunar y la planificación de trayectorias de final de misión comienzan a adquirir una importancia comparable a la que ya tiene la gestión de residuos en órbita terrestre.

Una advertencia para la nueva etapa lunar

El cráter del Falcon 9 deja una imagen concreta de un problema que probablemente gane relevancia con el crecimiento de la actividad lunar.

Para América Latina, donde distintos países buscan participar en la nueva economía espacial mediante satélites, instrumentos científicos y cooperación internacional, el episodio también muestra la importancia de desarrollar capacidades propias de seguimiento, navegación y análisis del entorno cislunar.

La nueva imagen obtenida por la NASA no sólo muestra la marca que dejó un cohete sobre la superficie lunar. También constituye un experimento inesperado sobre impactos, regolito, seguimiento orbital y gestión de objetos espaciales.

En una Luna que se prepara para recibir cada vez más vehículos, científicos y eventualmente infraestructura permanente, conocer dónde están los objetos, cómo se mueven y qué ocurre cuando alguno termina fuera de control será una parte cada vez más importante de la exploración espacial.