sábado 6 junio 2026
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Moon Base: la NASA planea construir en la Luna una ciudad que podría ser más grande que la ciudad de Buenos Aires

La agencia espacial estadounidense presentó su hoja de ruta para instalar una base permanente en el polo sur lunar. El proyecto se desarrollará en tres fases hasta 2032 e incluye una red de satélites similar a Internet para comunicaciones y navegación. Las primeras tres misiones no tripuladas parten antes de fin de año.

La carrera por establecer presencia humana permanente en la Luna dio un salto cualitativo esta semana. La NASA presentó su plan detallado para construir una base en el polo sur lunar denominada Moon Base, un proyecto que se ejecutará por fases a lo largo de la próxima década y arrancará con tres misiones de carga entre septiembre y noviembre de 2026.

El anuncio fue realizado en la sede central de la agencia en Washington por su administrador, Jared Isaacman, quien explicó que el programa contempla 25 lanzamientos y 21 alunizajes durante su primera etapa, con el objetivo de transportar más de cuatro toneladas de equipamiento científico a la superficie lunar. La ambición del proyecto se dimensiona mejor con un dato: la base ocupará cientos de kilómetros cuadrados, una superficie comparable a la de la Ciudad de Buenos Aires, que tiene 203 kilómetros cuadrados.

Un proyecto de tres actos

El plan se estructura en tres fases claramente diferenciadas. La primera (2026–2029) está enfocada en el aprendizaje y la construcción: robótica, mapeo del terreno y prueba de tecnologías clave. Ya tiene misiones concretas en agenda.

La primera, denominada Moon Base I, estará a cargo de la empresa Blue Origin, que utilizará su módulo de aterrizaje Blue Moon Mark 1 Endurance para entregar cámaras de estudio y un retrorreflector láser de medición en la cresta del cráter Shackleton. Será la primera misión de alunizaje financiada de forma totalmente privada en la historia.

La segunda misión, Moon Base II, corresponde a Astrobotic y transportará cerca de 500 kilogramos de carga, incluyendo el rover FLIP de la empresa Astrolab, que servirá como banco de pruebas para futuros vehículos de superficie. La tercera, Moon Base III, utilizará el módulo Nova-C Trinity de Intuitive Machines para estudiar los denominados «remolinos lunares», marcas brillantes en la superficie asociadas a anomalías magnéticas que desvían el viento solar.

También durante esta fase se desplegarán drones lunares MoonFall, diseñados por Firefly Aerospace para explorar cráteres en sombra permanente en busca de hielo de agua, y vehículos terrestres lunares (LTV) no tripulados con capacidad de recorrer hasta 800 kilómetros.

La segunda fase (2029–2032) se centrará en la instalación de infraestructura: sistemas de energía solar y nuclear, hábitats temporales y una constelación de satélites de comunicaciones y navegación bajo el estándar LunaNet, una especie de «Internet lunar» desarrollada en conjunto por la NASA, la ESA y la agencia espacial japonesa JAXA. Durante esta etapa los astronautas comenzarán a realizar misiones de mayor duración en la superficie.

La tercera fase, a partir de 2032, apunta a la presencia humana continua con rotaciones de tripulación similares a las de la Estación Espacial Internacional, y a la utilización de recursos locales -como el hielo de agua para producir oxígeno y combustible- con el objetivo de reducir la dependencia logística de la Tierra.

El marco geopolítico: China en el horizonte

El proyecto no se desarrolla en un vacío político. Isaacman fue explícito al señalar que la agencia actuará con respeto al Tratado del Espacio Exterior y espera reciprocidad por parte de otras naciones que también coloquen activos en la superficie lunar, en una referencia directa a China, que tiene sus propios planes de instalación lunar para 2030.

Para América Latina, cuyas agencias espaciales participan activamente de los Acuerdos Artemis -el marco legal que regula la exploración lunar entre países aliados de EE.UU.- esta dinámica es relevante: la región deberá posicionarse en relación con los dos bloques que disputan la Luna como futura plataforma científica, comercial y, eventualmente, como trampolín hacia Marte.

El cambio de paradigma

La NASA priorizó la construcción directa en la superficie por sobre el desarrollo de estaciones orbitales como el Gateway, una decisión que marca un giro estratégico significativo. «El objetivo no es solo plantar una bandera y dejar huellas, el objetivo es quedarnos», resumió Isaacman.