Estados Unidos reabrió la competencia para incorporar sistemas comerciales de antenas y estaciones terrestres capaces de controlar satélites en distintas órbitas. La iniciativa busca ampliar la capacidad de una red que enfrenta una creciente demanda.
La Space Force de Estados Unidos abrió una nueva competencia para incorporar antenas y sistemas comerciales destinados al control de satélites, en un intento por modernizar una infraestructura terrestre que debe atender una cantidad cada vez mayor de vehículos espaciales.
La iniciativa se desarrolla dentro del programa Satellite Communications Augmentation Resource (SCAR), que busca complementar la tradicional Satellite Control Network (SCN) mediante nuevas tecnologías y capacidad comercial. La estrategia contempla evaluar sistemas ya disponibles en el mercado y ampliar la participación de empresas tradicionales y nuevos proveedores espaciales.
Antenas para controlar satélites desde la Tierra
Aunque buena parte de la actividad espacial ocurre en órbita, los satélites dependen de una extensa infraestructura terrestre para funcionar. Las estaciones de control permiten enviarles órdenes, recibir información sobre su estado y descargar los datos que generan.
Este proceso se conoce como Telemetry, Tracking and Command (TT&C). La telemetría transmite información sobre los sistemas del satélite; el seguimiento permite conocer su posición y trayectoria; y el comando establece las instrucciones que debe ejecutar.
Para realizar estas tareas se utilizan antenas de alta ganancia capaces de establecer enlaces de radio con satélites situados a diferentes distancias. El nuevo proceso de adquisición de SCAR contempla tecnologías como antenas parabólicas y sistemas de antenas de matriz en fase, además de infraestructura de comunicaciones, operación y mantenimiento.
La diferencia tecnológica es importante. Una antena parabólica orienta físicamente su reflector hacia el satélite, mientras que una matriz en fase puede modificar electrónicamente la dirección del haz mediante el control coordinado de múltiples elementos. Esto permite responder con mayor flexibilidad cuando deben gestionarse múltiples enlaces.
Una red que necesita más capacidad
El problema que enfrenta la Space Force no es únicamente la antigüedad de sus equipos. También está relacionado con el crecimiento acelerado de la cantidad de satélites que deben ser operados.
La Satellite Control Network tradicional está formada por antenas distribuidas geográficamente que permiten realizar seguimiento, control y comunicaciones con satélites gubernamentales. Según evaluaciones oficiales estadounidenses, la utilización de esta infraestructura aumentó durante años y la capacidad existente enfrenta dificultades para absorber la demanda futura.
La presión es particularmente relevante por el crecimiento de las constelaciones de órbita baja. Una arquitectura con cientos o miles de satélites requiere muchas más sesiones de comunicación entre los vehículos y las estaciones terrestres.
En términos sencillos, no alcanza con lanzar más satélites: también hay que disponer de suficientes antenas, enlaces y sistemas de gestión para comunicarse con ellos.
Del modelo tradicional a una infraestructura híbrida
SCAR no apunta únicamente a comprar nuevas antenas propiedad del Gobierno. Una de las características centrales de la estrategia estadounidense es incorporar infraestructura comercial para complementar los recursos existentes.
La Space Force está evaluando tanto la adquisición de sistemas comerciales como el alquiler de servicios e infraestructura operada por empresas privadas. La nueva estrategia se organiza en diferentes etapas y busca aumentar la competencia entre proveedores.
Esta tendencia ya se había reflejado en otro proyecto de la Space Force: en 2025 fueron seleccionadas Auria Space y Sphinx Defense para desarrollar prototipos de un mercado de antenas basado en la nube. El concepto consiste en conectar estaciones gubernamentales y comerciales mediante una plataforma digital capaz de asignar automáticamente las sesiones de comunicación según disponibilidad, ancho de banda y necesidades de cada misión.
El resultado sería una infraestructura híbrida en la que un operador podría utilizar diferentes estaciones terrestres sin depender necesariamente de una única red.
Qué implica para el sector espacial latinoamericano
La evolución del sistema estadounidense muestra un problema que también adquiere importancia a medida que crecen las capacidades espaciales de América Latina: la infraestructura terrestre es una parte esencial de cualquier programa satelital.
Los países que desarrollan satélites necesitan estaciones para recibir datos, enviar comandos y supervisar el funcionamiento de las plataformas. A medida que las constelaciones regionales incorporen más unidades, también crecerá la necesidad de automatizar la planificación de contactos y distribuir las comunicaciones entre diferentes antenas.
La incorporación de estaciones comerciales puede reducir además la necesidad de que cada operador construya una infraestructura terrestre completa. Una misma red de antenas puede prestar servicios a diferentes misiones, siempre que existan compatibilidad tecnológica, capacidad disponible y mecanismos adecuados de seguridad.
Para América Latina, esto abre oportunidades para empresas y centros tecnológicos especializados en antenas, radiofrecuencia, software de control, procesamiento de datos y servicios de estaciones terrestres. También plantea la posibilidad de construir redes regionales capaces de compartir infraestructura entre distintas misiones.
La apuesta de la Space Force refleja así un cambio más amplio en la industria espacial: mientras aumenta la cantidad de satélites en órbita, las estaciones terrestres dejan de ser un componente secundario y pasan a convertirse en una infraestructura crítica para gestionar el creciente tráfico de información entre la Tierra y el espacio.





