El informe anual de la asociación de la industria espacial europea Eurospace reveló que en 2025 las ventas de satélites de observación terrestre superaron a las de telecomunicaciones por primera vez en la historia del sector, con un crecimiento del 23,5% respecto a 2023. La demanda militar es el motor principal del cambio, y países como España, Francia, Alemania, Polonia y Finlandia lideran los pedidos. Para América Latina, donde la observación satelital tiene aplicaciones directas en agricultura, gestión de desastres y soberanía territorial, el dato señala hacia dónde se mueve la industria global.
Durante décadas, los satélites de telecomunicaciones fueron el corazón comercial de la industria espacial europea. Esa hegemonía terminó. El informe Facts and Figures 2025 de Eurospace, la asociación que agrupa a los principales actores de la industria espacial europea, presentado el 7 de julio en Milán, revela que las ventas de fabricación de sistemas de observación de la Tierra superaron a las de sistemas de telecomunicaciones en un 24% durante 2025, consolidando un cambio estructural en el sector.
«Históricamente, los sistemas de telecomunicaciones eran el área número uno de ingresos para la industria europea. Pero ahora vemos que los sistemas de observación de la Tierra han tomado el lugar de las telecomunicaciones como el principal segmento de ingresos», declaró Pierre Lionnet, director gerente de Eurospace, durante la presentación del informe.
Los números del rebote
Las ventas de la industria espacial europea se recuperaron en 2025 después de una contracción en 2024. Las aplicaciones satelitales -que Eurospace define como los satélites que habilitan actividades operativas y aplicaciones dentro de los segmentos de observación terrestre, telecomunicaciones y navegación- fueron el principal motor de ese crecimiento, aumentando un 23,5% en comparación con 2023.
En contraste, el segmento de sistemas de lanzamiento -que incluye tanto actividades de desarrollo como sistemas operativos y componentes- no creció de forma significativa, lo que subraya que el dinamismo del sector no proviene de los cohetes sino de los satélites que transportan.
El motor del cambio: la demanda militar
El factor que explica el giro hacia la observación terrestre es explícito en el informe: la demanda militar. Ese cambio está siendo impulsado por la creciente demanda militar, que ahora se expresa principalmente hacia sistemas de observación terrestre más que hacia ninguna otra cosa. España, Francia, Alemania, Polonia y Finlandia registran la mayor demanda.
La observación terrestre con fines de defensa abarca una variedad de capacidades: reconocimiento de actividad en zonas de conflicto, monitoreo de movimientos de tropas y equipamiento, vigilancia de fronteras e infraestructuras críticas y seguimiento de actividad marítima. Los satélites de radar de apertura sintética (SAR) son especialmente valorados por los clientes militares porque pueden tomar imágenes de alta resolución con independencia de las condiciones climáticas y de la luz solar, a diferencia de los sensores ópticos convencionales.
La orientación de ese gasto hacia empresas europeas también tiene una lectura geopolítica: en el contexto post-2022, con el conflicto en Ucrania acelerando la rearme continental, los gobiernos europeos han priorizado el fortalecimiento de capacidades soberanas de vigilancia espacial y han reducido su dependencia de proveedores extranjeros.
El rol de la ESA y las exportaciones comerciales
Más allá de la demanda militar, el informe identifica dos fuentes adicionales de crecimiento. Los ingresos relacionados con la ESA aumentaron 560 millones de euros (+20%) de 2024 a 2025, respaldados por reformas de política y estrategia introducidas para permitir un gasto más rápido dentro de los procesos de la agencia.
La segunda fuente fueron las exportaciones comerciales: ventas de empresas europeas a entidades privadas fuera de Europa, incluyendo componentes y equipos, sistemas de desarrollo, elementos de lanzadores y satélites completos. «Todas las exportaciones han visto crecimiento en los últimos años, lo que fue inesperado», señaló Lionnet. Ese crecimiento se divide aproximadamente en partes iguales entre sistemas de naves completas y equipos, incluyendo carenados de lanzadores y sistemas de despliegue, que se han convertido en una línea de negocio importante vinculada al desarrollo de la actividad de lanzamiento a nivel mundial.
Un ejemplo concreto de esa dinámica es el de Amazon. La demanda sostenida de los lanzamientos de la constelación LEO de Amazon se ha convertido en un impulsor importante de la actividad del Ariane 6, el cohete pesado europeo que completó siete lanzamientos en 2025 frente a solo tres en 2024.
Los servicios profesionales, en alza
El informe también registra el crecimiento sostenido de los servicios profesionales -asistencia técnica, asistencia financiera, ingeniería, desarrollo de sistemas y mapeo de hojas de ruta de innovación-. «Las agencias nacionales y europeas están externalizando ahora un número de cosas a la industria», explicó Lionnet, lo que refleja una tendencia más amplia hacia la tercerización de capacidades técnicas que antes se desarrollaban de forma interna en las agencias espaciales.
Las implicancias para América Latina
El giro de la industria espacial europea hacia la observación terrestre tiene consecuencias directas para la región. Europa es uno de los principales proveedores de satélites de observación para América Latina, tanto a través de programas propios de la ESA como mediante ventas comerciales de empresas como Airbus Defence and Space y Thales Alenia Space.
El aumento de la demanda militar europea podría, en el mediano plazo, generar presión sobre la capacidad industrial disponible para misiones civiles y científicas, encareciéndolas o alargando sus plazos de entrega. Al mismo tiempo, el crecimiento del mercado EO en general impulsa la proliferación de nuevas empresas y tecnologías -radares SAR miniaturizados, constelaciones de pequeños satélites, procesamiento con IA- que eventualmente reducen los costos de acceso a imágenes satelitales para actores institucionales de menor escala, como las agencias espaciales y los servicios de monitoreo ambiental de los países latinoamericanos.
Para Argentina, cuya CONAE opera satélites de observación propios en la serie SAOCOM y SABIA-Mar, y para Brasil, que desarrolla el programa Amazonia de monitoreo del territorio amazónico, entender hacia dónde fluye la inversión global en observación terrestre es también entender contra qué estándares tecnológicos deberán competir sus propias capacidades en la próxima década.




