El proyecto, que se mantiene bajo presupuesto y fuera de los cronogramas habituales de retrasos, entrará en su fase final de pruebas ambientales en febrero antes de ser trasladado a Florida para su integración con el Falcon Heavy de SpaceX.
En un sector donde los grandes observatorios astronómicos suelen estar marcados por postergaciones y costos excedentes, la misión Nancy Grace Roman de la NASA se perfila como la excepción que confirma la regla.
Durante la reciente reunión de la Sociedad Astronómica Americana, representantes del proyecto confirmaron que el lanzamiento está previsto para el 28 de septiembre de 2026, adelantándose más de seis meses a su fecha oficial de compromiso (mayo de 2027).
El telescopio, que ya se encuentra totalmente ensamblado en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, es considerado una pieza clave para la próxima década de exploración. A diferencia del James Webb, diseñado para observar profundamente puntos específicos, el Roman se especializará en realizar relevamientos de grandes áreas del cielo con una resolución similar a la del Hubble, pero con un campo de visión 100 veces mayor.
Cronograma y logística hacia el espacio
El equipo del proyecto detalló una hoja de ruta precisa para los próximos meses:
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Febrero de 2026: Inicio de las pruebas ambientales clave, que incluyen ensayos de vibración y acústica para asegurar que la estructura soporte el rigor del lanzamiento.
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Junio de 2026: Traslado del observatorio hacia Florida.
- Septiembre de 2026: Lanzamiento desde el Centro Espacial Kennedy a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX.
Eficiencia presupuestaria
Uno de los puntos más destacados para la industria es que el Roman se mantiene dentro del presupuesto aprobado de 4.300 millones de dólares. Según los responsables de la misión, esta eficiencia permitirá que, tras un periodo de comisionamiento de aproximadamente 90 días después del lanzamiento, el telescopio comience a producir un volumen de datos sin precedentes.
El desafío ahora se desplaza del hardware al procesamiento: la comunidad científica ya trabaja en herramientas de inteligencia artificial y computación a gran escala para gestionar la «avalancha» de información que el Roman enviará sobre la materia oscura, la energía oscura y la búsqueda de exoplanetas en nuestra galaxia.





