sábado 6 junio 2026
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La industria espacial europea advierte que la regulación puede frenar su competitividad frente a SpaceX y China

En el congreso SmallSat Europe en Ámsterdam, representantes de la industria y expertos legales criticaron los dos primeros borradores de la ley espacial europea por ser lentos, rígidos y excesivamente burocráticos. El debate tiene implicaciones directas para América Latina, que depende de la infraestructura satelital europea para conectividad, navegación y observación terrestre.

La Unión Europea lleva casi un año trabajando en su primera ley espacial integral, el EU Space Act, presentado en junio de 2025 con el objetivo de crear un marco regulatorio común para las actividades espaciales de los 27 estados miembro. Pero lo que debía ser un instrumento para fortalecer la competitividad del sector frente a Estados Unidos y China está generando una reacción inesperada desde adentro: la propia industria espacial europea advierte que la norma podría tener el efecto contrario.

En el congreso SmallSat Europe celebrado esta semana en Ámsterdam, representantes de la industria y expertos legales coincidieron en que los dos primeros borradores del EU Space Act son «demasiado lentos, demasiado rígidos y demasiado burocráticos». Las palabras más utilizadas por los panelistas para describir los textos fueron «monopolio», «lento», «rígido» y «micromanagement». Chiara Manfletti, CEO de Neuraspace, argumentó que el borrador actual no comprende cómo opera el sector espacial comercial, que se mueve a una velocidad que los ciclos legislativos tradicionales no logran seguir.

Por qué Europa necesita esta ley y por qué la está haciendo mal

El problema que el EU Space Act intenta resolver es real: Europa tiene actualmente 13 marcos regulatorios nacionales distintos para actividades espaciales, lo que genera fragmentación, duplicación de costos y obstáculos para que las empresas -especialmente startups y pymes- escalen y operen a través de las fronteras. El objetivo declarado de la ley es crear un mercado único espacial europeo con estándares comunes de seguridad, ciberseguridad y sostenibilidad ambiental.

Para entender el contexto: cuando una empresa de satélites quiere operar en varios países europeos, hoy debe cumplir con los requisitos de licenciamiento, seguimiento de objetos orbitales y gestión de debris —basura espacial— de cada jurisdicción por separado. Eso representa una desventaja estructural frente a operadores estadounidenses como SpaceX, que operan bajo un único marco regulatorio federal, o frente a China, que funciona bajo coordinación estatal centralizada.

La Asociación Global de Operadores de Satélites (GSOA) y la empresa española GMV presentaron una lista extensa de objeciones que incluyen sobreregulación, duplicación de esfuerzos existentes, amenaza a la competitividad de la industria europea y falta de claridad sobre la participación de la industria en los actos de implementación futura de la ley.

El caso de Noruega y el puerto espacial de Andøya

Uno de los problemas más concretos que señalaron los panelistas en Ámsterdam ilustra bien las tensiones que genera el borrador actual. El EU Space Act, tal como está redactado, podría tratar a países no miembros de la Unión Europea —como Noruega— de manera similar a competidores no europeos, lo que generaría obstáculos para el uso europeo del puerto espacial de Andøya, ubicado en territorio noruego pero que es una infraestructura de lanzamiento clave para misiones de la ESA y de empresas europeas.

El caso es significativo porque Noruega es miembro de la ESA -la Agencia Espacial Europea- pero no de la UE, y el EU Space Act no reconoce esa distinción con suficiente precisión. El resultado podría ser que una infraestructura construida como parte del ecosistema espacial europeo quede en una zona gris regulatoria que dificulte su uso.

El estado actual del proceso legislativo

El 8 de mayo de 2026, el Consejo de la Unión Europea publicó un informe de avance previo a la reunión del Consejo de Competitividad del 29 de mayo. El informe señala que el texto de compromiso presentado por la presidencia chipriota avanza en la dirección correcta -reduciendo complejidad y simplificando el texto-, aunque reconoce que varias cuestiones permanecen abiertas y requieren trabajo adicional.

El ministro chipriota Nikodemos Damianou, que preside el consejo en este período, advirtió que Europa corre el riesgo de quedarse atrás de sus rivales globales si no acelera el proceso: «Seamos honestos, los demás se mueven mucho más rápido».

La mirada latinoamericana

Para América Latina, el debate sobre el EU Space Act importa por razones prácticas. La región depende en medida considerable de infraestructura satelital europea -en particular de los sistemas Copernicus de observación terrestre y Galileo de navegación- para aplicaciones que van desde el monitoreo de la deforestación amazónica y la gestión de desastres naturales hasta la agricultura de precisión y los sistemas de navegación aérea.

El valor global de la economía espacial proyecta crecer a un ritmo del 9% anual hasta alcanzar 1,8 billones de dólares en 2035. Si Europa no logra que su marco regulatorio acompañe ese ritmo, el riesgo es que los operadores latinoamericanos que hoy trabajan con tecnología y servicios europeos terminen migrando hacia proveedores estadounidenses o chinos, con las consecuencias geopolíticas y de dependencia tecnológica que eso implica para la región.

El desafío que enfrenta el EU Space Act no es único: es el mismo dilema que atraviesan todos los marcos regulatorios ante sectores que se transforman más rápido que la velocidad a la que funcionan los procesos legislativos. Resolverlo bien o mal definirá, en buena medida, quién lidera la economía espacial del próximo decenio.