El Space Systems Command aumentó el límite máximo del programa NSSL Fase 3 Carril 1 de 5.600 a 17.000 millones de dólares, incorporó dos nuevas startups al grupo de proveedores y sumó un actor inédito: una empresa de etapas superiores que no construye cohetes propios. La expansión refleja un aumento sostenido en la demanda de lanzamientos militares y una estrategia deliberada de diversificación que busca reducir la dependencia del Falcon 9 de SpaceX.
El mercado de lanzamiento de seguridad nacional de Estados Unidos acaba de duplicar su escala. El Space Systems Command (SSC) de la Fuerza Espacial de EE.UU. anunció el 17 de julio que ha elevado el techo máximo del programa de lanzamiento de seguridad nacional NSSL Fase 3 Carril 1 de 5.600 millones de dólares a 17.000 millones, según un aviso publicado en el registro de adquisiciones federales. El incremento -de 11.400 millones de dólares adicionales- refleja la expectativa de un aumento significativo en el número de misiones militares satelitales que necesitarán acceso al espacio antes del fin de la década.
El NSSL (National Security Space Launch) es el programa paraguas mediante el cual la Fuerza Espacial contrata servicios de lanzamiento para sus satélites más críticos: sistemas de comunicaciones, alerta de misiles, vigilancia y navegación. El Carril 1, al que corresponde este ajuste, está diseñado para misiones con mayor tolerancia al riesgo que pueden utilizar vehículos comerciales en desarrollo -a diferencia del Carril 2, reservado para las misiones más exigentes que requieren los mayores estándares de confiabilidad-.
De tres a siete proveedores en menos de dos años
El programa NSSL Fase 3 Carril 1 comenzó en 2024 con tres proveedores: SpaceX, Blue Origin y United Launch Alliance (ULA). Desde entonces, el grupo se ha expandido aceleradamente. En marzo de 2026, Stoke Space Technologies y Rocket Lab se incorporaron al registro de elegibles. Y a mediados de julio, dos nuevas compañías se sumaron al grupo: Impulse Space y Relativity Federal, la subsidiaria gubernamental de Relativity Space.
Con siete proveedores activos, el Carril 1 se ha convertido en el programa de lanzamiento militar con mayor diversidad de actores en la historia de la Fuerza Espacial.
Cada nuevo proveedor recibe una orden de trabajo inicial de 5 millones de dólares -o 1,5 millones en el caso de los que ya participaron en la Fase 2- para realizar una evaluación de capacidades y desarrollar su enfoque de aseguramiento de misión. Es una barrera de entrada diseñada para verificar que los contendientes tienen un plan de vuelo creíble antes de competir por misiones reales.
El actor inédito: Impulse Space, la etapa superior que no es cohete
El caso de Impulse Space es el más singular de esta expansión. La compañía californiana no es un constructor de cohetes: fabrica etapas superiores de propulsión, componentes que se acoplan a los cohetes de terceros para maniobrar cargas útiles hacia órbitas específicas una vez en el espacio.
Una etapa superior es la sección del sistema de lanzamiento que opera en el vacío después de que el cohete principal ha cumplido su función. Mientras el cohete lleva la carga al espacio, la etapa superior la guía hacia la órbita precisa que necesita el cliente. Impulse Space ofrece exactamente eso: no pone las cargas en el espacio, sino que las lleva adonde el cliente necesita una vez allí.
«Estamos muy contentos de ver que acordaron que el lenguaje del contrato lo acomoda […] en un momento en que la demanda de lanzamiento de alta energía está creciendo», declaró Tom Romo, ejecutivo de la compañía, quien confirmó que Impulse seleccionará el cohete que lo lleve a órbita una vez que comience a licitar por órdenes de trabajo concretas.
La inclusión de Impulse Space como prime contractor -es decir, como contratista principal responsable ante la Fuerza Espacial- es una novedad estructural en la forma en que el programa NSSL concibe quiénes pueden proveer acceso al espacio. Según Aviation Week, para calificar en el Carril 1, los postulantes deben proveer un sistema que incluya hardware de fabricación propia y demostrar un vuelo previo o presentar un plan creíble para lanzar dentro de un año de presentada la propuesta.
La dependencia de SpaceX: el problema que el programa busca resolver
La expansión del número de proveedores tiene una motivación estratégica clara. A pesar de la apertura formal del mercado, SpaceX domina de forma abrumadora el volumen de misiones adjudicadas. La compañía recibió 739 millones de dólares en órdenes de trabajo bajo el Carril 1 solo en los primeros meses del programa, mientras que sus competidores acumulan una fracción de esa cifra. El Falcon 9 sigue siendo, con diferencia, el cohete más confiable y económico del mercado.
La GAO señaló en su último informe anual que esa dependencia concentrada en un único proveedor representa un riesgo estructural para el programa, especialmente en escenarios donde el Falcon 9 enfrente restricciones operativas —ya sea por una investigación regulatoria, un incidente de vuelo o limitaciones de cadencia de producción.
La triplicación del techo presupuestario y la incorporación de siete proveedores no elimina esa dependencia de inmediato, pero crea el marco contractual para que, a medida que nuevos cohetes como el New Glenn de Blue Origin, el Neutron de Rocket Lab o los vehículos de Stoke Space alcancen madurez operativa, el Pentágono pueda diversificar su cartera de lanzamiento sin necesidad de reabrir todo el proceso de adquisición.
Las misiones que impulsan la demanda
El aumento del techo contractual no es arbitrario: responde a una explosión real en la demanda de lanzamientos militares. La Agencia de Desarrollo Espacial (SDA) está desplegando activamente su constelación de transporte de datos en órbita baja, con el objetivo de poner en órbita cientos de satélites antes de 2028. Los programas Next Gen OPIR de alerta de misiles, la constelación SB-AMTI de rastreo de blancos aéreos -adjudicada recientemente a SpaceX por 4.160 millones de dólares- y la red de comunicaciones SDN Backbone suman decenas de misiones adicionales a la cola de lanzamiento.
El 16 de julio, apenas un día antes del anuncio del nuevo techo, un Falcon 9 puso en órbita 21 satélites de transporte de datos de la SDA desde Vandenberg, California, en lo que fue otra misión del programa Tranche 1 de la constelación. El ritmo de operaciones ilustra con precisión por qué el techo original de 5.600 millones de dólares resultó insuficiente.
Lo que significa para el mercado global
La escala del programa NSSL Fase 3 -ahora con un techo de 17.000 millones de dólares, siete proveedores elegibles y decenas de misiones proyectadas hasta 2034- tiene consecuencias que trascienden las fronteras de la seguridad nacional estadounidense.
Para el mercado comercial global de lanzamiento, del que dependen los operadores satelitales latinoamericanos para poner sus propios sistemas en órbita, el programa NSSL actúa como un ancla de demanda que mantiene las cadenas de producción de cohetes activas y financia el desarrollo de nuevos vehículos. Sin el volumen de misiones militares que sustenta a empresas como SpaceX, Blue Origin y Rocket Lab, la disponibilidad y el precio de los lanzamientos comerciales serían significativamente peores.
En ese sentido, la triplicación del techo del NSSL es también, indirectamente, una buena noticia para cualquier organización del mundo -incluyendo agencias y operadores latinoamericanos- que necesite acceso al espacio en los próximos años.




