El regulador de telecomunicaciones de EE.UU. autorizó el 9 de julio el lanzamiento de Eärendil-1, un satélite de Reflect Orbital que desplegará un espejo de mylar de 18 metros de lado para redirigir luz solar hacia la superficie terrestre durante la noche. La decisión ignoró cerca de 2.000 comentarios críticos y eludió cualquier revisión medioambiental, porque la FCC solo evalúa el uso del espectro radioeléctrico, no el impacto físico del satélite sobre el cielo o los ecosistemas. Si la constelación completa se despliega, el Observatorio Europeo Austral -que opera telescopios en Chile- estima que el brillo del cielo nocturno se multiplicaría por cuatro.
La idea parece sacada de la ciencia ficción: un satélite que actúa como espejo, captura la luz del Sol mientras la Tierra duerme y la redirige hacia zonas específicas de la superficie. El 9 de julio de 2026, esa idea recibió su primera autorización regulatoria real.
La Comisión Federal de Comunicaciones de EE.UU. (FCC) autorizó formalmente el lanzamiento de Eärendil-1, un satélite desarrollado por Reflect Orbital que desplegará un reflector de película delgada de 18 metros de lado en órbita baja terrestre para reflejar luz solar hacia la superficie. La nave de 142 kilogramos está programada para lanzarse antes de fin de 2026 en una órbita de entre 600 y 650 kilómetros de altitud, desde donde desplegará el reflector. La empresa planea usar la nave para probar su capacidad de dirigir luz solar reflejada hacia áreas específicas de la Tierra durante varios minutos a la vez.
El espejo mide 18 × 18 metros de material reflectante de mylar aluminizado -unos 324 metros cuadrados de superficie- que pesa apenas 16 kilogramos y puede desplegarse en órbita y apuntarse para proyectar un círculo de luz de aproximadamente 5 kilómetros de diámetro en el suelo.
Los usos previstos: obra, rescate y energía solar
La empresa dijo haber recibido fuerte interés en su tecnología para proveer iluminación en actividades que van desde sitios de construcción hasta operaciones de búsqueda y rescate. También propone usar esos satélites para reflejar luz solar sobre granjas de energía solar terrestres y aumentar así su producción energética.
La empresa citó el terremoto de Venezuela de julio de 2025 como prueba de la demanda de este tipo de tecnología en emergencias. El Ejército de EE.UU. ya colocó 1,25 millones de dólares en financiamiento temprano detrás del proyecto, lo que señala interés militar y de respuesta a desastres.
En cuanto al modelo de negocio, Nowack dijo que la compañía cobraría alrededor de 5.000 dólares por hora por la luz de un espejo si el cliente firmara un contrato anual de al menos 1.000 horas. La iluminación para eventos únicos y emergencias resultaría más costosa. Para las granjas solares, prevé dividir los ingresos generados por las horas adicionales de electricidad producida.
Cómo funciona la aprobación regulatoria y por qué no hubo revisión ambiental
El punto más controversial de la decisión no es técnico: es regulatorio. La FCC autorizó la misión de demostración de Eärendil-1 el 9 de julio clasificándola como autorización de uso del espectro de radio. Esa clasificación le permitió a la comisión eludir cerca de 2.000 comentarios públicos de objeción y una protesta formal de la Sociedad Astronómica Estadounidense.
El rol de la FCC es licenciar el espectro de radio, no evaluar el riesgo ecológico o médico -y la agencia se apoyó firmemente en esa distinción-. Cuando se le pidió pronunciarse sobre los riesgos para la salud y el medioambiente señalados por la Sociedad Astronómica Estadounidense, la FCC declinó considerar esos temas, citando la Ley de Comunicaciones, que establece que la política de EE.UU. es «fomentar la provisión de nuevas tecnologías y servicios al público».
La FCC subrayó que aprobaba «un único satélite de demostración» y que quienes argumentan que el satélite individual causará daño ambiental «no demuestran con especificidad el daño potencial que causará ese único satélite, sino que se apoyan en los mismos estudios que los comentarios que objetan una constelación más grande».
La comunidad científica: entre la preocupación y la alarma
La respuesta del mundo académico fue contundente. En una declaración del 1° de julio, el Observatorio Europeo Austral (ESO), que opera varios telescopios de importancia mundial en Chile, señaló que la constelación completa de 50.000 satélites que Reflect Orbital ha propuesto aumentaría el brillo del cielo nocturno en sus instalaciones por un factor de tres a cuatro, limitando la capacidad de sus telescopios para detectar objetos tenues. «Para la astronomía óptica, esto es una amenaza existencial», declaró Betty Kioko, funcionaria de asuntos institucionales del ESO.
La advertencia del ESO es especialmente relevante para América Latina: el Observatorio opera el Very Large Telescope (VLT) en el desierto de Atacama, en Chile, uno de los mejores sitios astronómicos del mundo precisamente por la oscuridad y aridez de su cielo. El telescopio extremadamente grande (ELT), también en construcción en Chile y que será el mayor del mundo, enfrenta el mismo riesgo si la constelación de espejos se despliega a escala.
La Sociedad Astronómica Estadounidense también advirtió que el reflejo del satélite podría causar daño ocular a astrónomos aficionados y «el cegamiento temporal por destello de pilotos y conductores». La propia Reflect Orbital reconoció el riesgo de daño ocular «si alguien observara Eärendil-1 a través de un telescopio con apertura mayor a 12 pulgadas».
La hoja de ruta: de un espejo a 50.000
La aprobación del 9 de julio cubre exclusivamente a Eärendil-1. Pero las ambiciones de la empresa están muy por encima de esa demostración. Reflect Orbital espera lanzar 1.000 satélites más grandes antes de fin de 2028 y otros 5.000 hacia 2030. El plan de largo plazo contempla 50.000 satélites para 2035.
Reflect Orbital dijo que está encargando investigación independiente de terceros sobre el impacto de su tecnología, y que trabaja para desarrollar un acuerdo de coordinación con la Fundación Nacional de Ciencia. «La compañía está comprometida con el diálogo continuo con científicos, astrónomos, investigadores ambientales y cualquier comunidad que tenga un interés legítimo en cómo se desarrolla su tecnología», señaló la empresa.
Las medidas de mitigación anunciadas incluyen reflejar luz solo durante horarios predeterminados, avisar a los investigadores con anticipación y evitar apuntar el reflector cerca de observatorios y áreas protegidas. Sin embargo, si esas salvaguardas voluntarias seguirán vigentes a escala de constelación es una pregunta sin respuesta.
El precedente regulatorio que preocupa
Más allá de Reflect Orbital, el caso Eärendil-1 abre un debate regulatorio de fondo que excede a esta empresa. La decisión replica el precedente de Starlink: los tribunales han sostenido consistentemente la exclusión categórica de la FCC de la revisión ambiental para sistemas orbitales, incluso mientras los astrónomos documentan impactos reales en las observaciones del cielo nocturno.
Como señaló la organización Dark Sky UK: «Si el regulador que licencia estos satélites no tiene mandato para examinar qué le hacen al cielo o a la Tierra debajo, entonces, ¿quién lo tiene?». Es una pregunta que ninguna agencia regulatoria del mundo parece estar en posición de responder todavía, y cuya respuesta podría definir qué tipo de cielo nocturno heredará el planeta en las próximas décadas.




