sábado 10 octubre 2026
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La explosión sacude a Blue Origin en su peor semana: daños en la plataforma, misiones en riesgo y un contrato militar llegando horas antes del desastre

Un ensayo de encendido de motores en Cabo Cañaveral terminó en una explosión que destruyó parcialmente la plataforma de lanzamiento del New Glenn y puso en jaque misiones de Amazon, AST SpaceMobile, la NASA y el programa lunar. La ironía del momento: horas antes, Blue Origin había recibido una orden de trabajo del gobierno de Estados Unidos para lanzar satélites de inteligencia.

La noche del 28 de mayo de 2026 quedará marcada en la historia reciente de la industria espacial. El cohete New Glenn de Blue Origin sufrió una explosión durante un ensayo de encendido en caliente (hotfire test) en la plataforma de lanzamiento del Complejo 36 en Cabo Cañaveral, Florida. El ensayo se realizaba como paso previo a la primera misión del cohete para Amazon Leo, la constelación de internet satelital del gigante del comercio electrónico.

Un hotfire test es una prueba estática en tierra en la que se encienden los motores del cohete —que permanece anclado a la plataforma— para verificar su funcionamiento antes de un lanzamiento real. Es una práctica habitual en la industria, aunque no exenta de riesgos.

Imágenes del sitio Launch Heaven Media tomadas al día siguiente, con luz diurna, mostraron daños de consideración en la plataforma y la torre de lanzamiento. Blue Origin confirmó el incidente pero no proporcionó detalles sobre sus causas ni sobre el camino de recuperación.

Jeff Bezos, fundador de la compañía, publicó una declaración en la que confirmó que todo el personal estaba sano y salvo, y señaló que aún era demasiado pronto para conocer la causa raíz del problema, aunque anticipó que reconstruirán lo que sea necesario para volver a volar.

Un cohete que venía de tropiezos

La explosión no ocurre en un contexto de trayectoria impecable. Apenas un mes antes, en abril, el New Glenn había colocado un satélite de AST SpaceMobile en una órbita incorrecta, perdiendo la carga útil como resultado de ese mal funcionamiento. La Administración Federal de Aviación (FAA) había cerrado su investigación sobre ese incidente el 22 de mayo, identificando una fuga criogénica que congeló una línea hidráulica y causó una anomalía de empuje, con nueve acciones correctivas definidas.

En cuanto al nuevo episodio, la FAA aclaró que la prueba de encendido no cae dentro de sus actividades licenciadas, por lo que no abrirá una investigación formal. No hubo impacto en el tráfico aéreo.

Las misiones en riesgo

Las consecuencias operativas son amplias. Los satélites de Amazon Leo destinados a esa misión no estaban integrados al cohete al momento del incidente: se encontraban en las instalaciones de procesamiento de Amazon en el Centro Espacial Kennedy. Sin embargo, los plazos de lanzamiento se ven afectados para una constelación que compite contra Starlink y tiene la presión de comenzar a dar servicio durante 2026.

El impacto también alcanza a los planes de la NASA. Tan solo dos días antes de la explosión, la NASA había anunciado un acuerdo con Blue Origin para lanzar dos cohetes New Glenn que transportarían rovers a la superficie lunar, destinados a aguardar a las tripulaciones de las misiones Artemis III, IV, V y las siguientes. El administrador de la NASA, Jared Isaacman, declaró que la agencia proporcionará información sobre los impactos a los programas Artemis y Moon Base a medida que esté disponible.

Igualmente comprometida queda la certificación del New Glenn para misiones de seguridad nacional. El año pasado, el Space Systems Command adjudicó a Blue Origin un contrato de casi 2.400 millones de dólares para siete misiones en la fase 3, carril 2, del programa de lanzamiento de seguridad nacional (NSSL). Ese proceso de certificación queda ahora en suspenso hasta que se determine la causa raíz del incidente y se ejecuten acciones correctivas.

El contrato que llegó horas antes del desastre

En un giro que podría parecer paradójico, la Fuerza Espacial de EE.UU. confirmó el 29 de mayo que había adjudicado a Blue Origin una orden de trabajo para lanzar una misión de la Oficina de Reconocimiento Nacional (NRO), agencia de inteligencia encargada de la operación de satélites espía. La orden fue emitida la tarde del 28 de mayo, horas antes de que el New Glenn explotara en la plataforma.

La misión, denominada NRO Task Order-4, contempla un único lanzamiento para la NRO en algún momento entre el cuarto trimestre de 2027 y el primer trimestre de 2028, desde Cabo Cañaveral. El contrato se emitió bajo el carril 1 del programa NSSL Fase 3, una modalidad diseñada para misiones de seguridad nacional que admiten mayor tolerancia al riesgo que los lanzamientos más exigentes del programa.

Lejos de retirar su apoyo tras la explosión, el Space Systems Command emitió un comunicado reafirmando que tanto la Fuerza Espacial como la NRO siguen siendo socios comprometidos de Blue Origin, y que trabajarán con la empresa para identificar la causa raíz de la anomalía e implementar acciones correctivas.

Un mercado de lanzamiento que sigue bajo presión

Para la industria global, y especialmente para los operadores latinoamericanos que dependen de proveedores de lanzamiento internacionales, este episodio vuelve a poner de relieve la fragilidad del acceso al espacio cuando los vehículos disponibles son pocos. El New Glenn había sido visto como una opción que ayudaría a aliviar la escasez en el mercado de lanzamiento. Su incapacidad temporal para operar, sumada a los problemas previos, concentra aún más la dependencia en SpaceX, cuyo Falcon 9 domina el mercado de lanzamiento comercial y ahora acumula también contratos militares multimillonarios.

Blue Origin deberá reconstruir su plataforma, determinar la causa del incidente, demostrar correcciones efectivas y recuperar la confianza de sus clientes, todo ello en paralelo a un mercado que no espera.