Una organización sin fines de lucro creada por los fundadores de Starcloud proyecta lanzar en 2029 una pequeña sonda hacia el sistema estelar más cercano al Sol. Utilizará tecnologías espaciales existentes, pero su viaje podría durar unos 77.000 años.
Llegar a otra estrella es uno de los grandes desafíos de la exploración espacial. Mientras proyectos anteriores buscaron desarrollar tecnologías capaces de completar ese recorrido en décadas, la misión Fermi Explorer propone una estrategia radicalmente diferente: utilizar sistemas ya disponibles y aceptar que el viaje dure decenas de miles de años.
La iniciativa fue presentada por Philip Johnston, Adi Oltean y Ezra Feilden, fundadores de la startup estadounidense Starcloud, junto con el director del programa, Garret Jameson. El objetivo es construir y lanzar una pequeña nave no tripulada hacia Alfa Centauri, ubicada a unos 4,36 años luz, mediante un presupuesto inferior a 15 millones de dólares y con una fecha de lanzamiento prevista para finales de 2029.
Si se concreta, Fermi Explorer sería el primer objeto construido por la humanidad enviado deliberadamente hacia otro sistema estelar y apenas el sexto objeto humano en abandonar el Sistema Solar. Sin embargo, no se trata de una misión diseñada para llegar rápidamente: sus responsables calculan un trayecto de aproximadamente 77.000 años.
Propulsión conocida para un desafío inédito
La clave del proyecto está en evitar tecnologías de propulsión todavía experimentales. La sonda sería lanzada mediante un servicio de rideshare en un cohete comercial y posteriormente utilizaría propulsión eléctrica solar, un sistema de bajo empuje pero muy eficiente, para modificar progresivamente su trayectoria.
El diseño contempla una serie de maniobras de aproximación al Sol, conocidas como perihelion pumping, que permitirían incrementar la velocidad de la nave aprovechando el efecto Oberth. El objetivo es alcanzar una velocidad de escape de aproximadamente 25 kilómetros por segundo. Durante unos 12 años la nave permanecería operativa y después comenzaría una fase de deriva de alrededor de 79.500 años hacia Alfa Centauri.
La misión llevaría como mínimo un kilogramo de carga útil dentro de un volumen de apenas 10 centímetros por lado. Entre las posibilidades aparecen instrumentos científicos para detectar rayos cósmicos o polvo interestelar, además de contenidos culturales inspirados en el Disco de Oro de las sondas Voyager.
Una misión pensada para el futuro lejano
El nombre Fermi Explorer hace referencia a la paradoja de Fermi, que plantea una pregunta fundamental: si existen condiciones para que surjan numerosas civilizaciones tecnológicas en el Universo, ¿por qué todavía no encontramos evidencias de ellas?
La organización reconoce que la sonda probablemente no estará operativa cuando llegue a destino. De hecho, el concepto no contempla recuperar datos directamente desde Alfa Centauri. La expectativa es que una futura civilización humana pueda interceptarla.
El proyecto representa así una aproximación poco habitual dentro del sector espacial: en lugar de intentar resolver inmediatamente el problema de los viajes interestelares mediante tecnologías multimillonarias, busca demostrar que es posible poner una primera nave en camino con sistemas existentes y un presupuesto relativamente reducido.
Para América Latina, donde universidades, agencias y empresas comienzan a ampliar su participación en misiones de espacio profundo, el concepto también muestra hasta dónde puede llegar la reducción de costos del sector New Space: una misión interestelar deja de plantearse exclusivamente como un programa de miles de millones de dólares y pasa a explorarse como un proyecto tecnológico de pequeña escala, aunque con un horizonte temporal que excede por completo la vida de sus protagonistas.





