En un año en que el gasto gubernamental espacial global cayó un 3%, Europa fue la excepción: su inversión pública en el sector creció un 12% impulsada por los presupuestos de defensa nacionales, según el informe ESA Space Economy 2026 publicado el 13 de julio. Alemania encabeza el giro con 35.000 millones de euros comprometidos hasta 2030. El lanzamiento de constelaciones para Amazon y la reactivación del Ariane 6 completan un panorama de recuperación que tiene implicancias directas para los proveedores y clientes latinoamericanos del sector.
La economía espacial global atravesó en 2025 un año de contracción moderada. El gasto gubernamental total en el sector descendió un 3%, arrastrado por recortes en el presupuesto de defensa de EE.UU. y un financiamiento plano de la NASA. Pero Europa navegó en sentido contrario.
El gasto gubernamental espacial europeo saltó un 12% hasta los 13.500 millones de euros en 2025, de acuerdo con el informe ESA Space Economy 2026 publicado el 13 de julio, desafiando una caída del 3% en el gasto gubernamental espacial global, sobre la base de los crecientes presupuestos nacionales de defensa.
A nivel global, los gobiernos realizaron una inversión pública de 119.000 millones de euros en 2025, con una leve caída del 3% respecto a 2024, impulsada por los cambios en el presupuesto de defensa de EE.UU. y el financiamiento estancado de la NASA, mientras que los presupuestos espaciales europeos crecieron un 12% hasta los 13.500 millones de euros, registrando una tasa de crecimiento de dos dígitos por primera vez en los últimos cinco años, principalmente debido al aumento del gasto nacional en defensa liderado por Alemania.
El mapa del poder espacial en 2025
Estados Unidos representó el 58% de los presupuestos gubernamentales espaciales globales en 2025. China ocupó el segundo lugar con el 15%, seguida de Europa con el 11%. La proporción es conocida, pero lo que cambia es la dinámica: mientras Washington recorta y Pekín mantiene su ritmo, Bruselas y las capitales europeas aceleran.
El ritmo de lanzamientos globales alcanzó un récord de 324 misiones en 2025. Los lanzamientos predominantemente dedicados a cargas útiles de constelaciones representaron el 64% de todos los lanzamientos, con cerca del 43% dedicado a megaconstelaciones y el 21% a constelaciones tradicionales como el GPS. Ese crecimiento se concentra en EE.UU. y China.
Un dato adicional que ilustra el reequilibrio de poder en el espacio: China representó el 46% de la masa total lanzada para programas gubernamentales en 2025. Es decir, en términos de volumen de carga puesta en órbita por Estados, Pekín ya supera ampliamente a Washington y a Europa juntos.
El motor del crecimiento europeo: defensa, defensa y defensa
El informe es explícito sobre el origen del dinamismo europeo. La ESA señala que los presupuestos están «proyectados a aumentar abruptamente desde 2026 en adelante, en más de un 20% en un año», impulsados por programas de defensa como la iniciativa de defensa antimisiles Golden Dome.
Alemania realizó el compromiso de mayor alcance de corto plazo en Europa, con planes de invertir 35.000 millones de euros en seguridad y defensa espacial antes de 2030. Esa cifra incluye una primera contribución del Ministerio de Defensa de aproximadamente 292 millones de euros, «apoyando en particular el desarrollo de vehículos de lanzamiento para futura capacidad de lanzamiento y actividades en seguridad espacial».
En total, los países europeos tienen previsto invertir al menos 95.460 millones de euros en capacidades espaciales antes de 2030. Francia ha aumentado su presupuesto de defensa espacial a 10.200 millones de euros, mientras que la Comisión Europea planea invertir 10.600 millones de euros en la nueva constelación satelital segura de la UE, que deberá estar operativa en 2030.
Esa constelación es IRIS², el equivalente europeo de Starlink para uso institucional y de defensa, cuyas solicitudes de propuestas ya fueron publicadas para 272 satélites LEO. En paralelo, GOVSATCOM —el sistema europeo de comunicaciones satelitales seguras para uso gubernamental— entró en operación el 14 de enero de 2026, agrupando capacidad de ocho satélites de cinco países para proveer comunicaciones seguras a todos los estados miembros de la UE.
El Ariane 6 recupera el ritmo: Amazon como ancla comercial
El relanzamiento de la economía espacial europea no proviene solo del gasto gubernamental. La reactivación del cohete Ariane 6, el lanzador pesado europeo que tuvo un debut accidentado en 2023 y 2024, aportó dinamismo a toda la cadena de valor industrial del sector.
Con siete lanzamientos de Ariane 6 y Vega C en 2025 frente a solo tres en 2024, se generaron importantes oportunidades de negocio e ingresos para la cadena de suministro europea, impulsados principalmente por el aumento en las entregas de sistemas de lanzamiento. El componente clave de esa demanda es Amazon: la demanda sostenida de los lanzamientos de la constelación LEO de Amazon se ha convertido en un importante impulsor de la actividad del Ariane 6.
El primer lanzamiento del Ariane 64 -la versión con dos propulsores adicionales de mayor capacidad- ocurrió en febrero de 2026 transportando 32 satélites Amazon Leo, un hito que confirma el modelo: Europa necesita clientes de gran volumen para justificar la inversión en capacidad de lanzamiento, y Amazon provee exactamente eso.
La consolidación industrial que se viene
Los grandes contratistas europeos consolidados están considerando fusiones para sostener las capacidades y la economía europea frente al aumento de la competencia y las condiciones cambiantes del mercado. Un ejemplo concreto es el proyecto Bromo, por el cual Airbus, Leonardo y Thales acordaron combinar sus negocios espaciales. Si se concreta, esa fusión crearía un actor de escala comparable a los grandes integradores estadounidenses, con capacidad de competir por contratos de sistemas completos a nivel global.
Lo que significa para América Latina
El giro europeo hacia la defensa espacial tiene consecuencias indirectas pero reales para la región. En primer lugar, la demanda militar interna de Europa absorbe capacidad industrial que antes podía orientarse a clientes civiles y de exportación. Esto puede traducirse en mayores costos y plazos más largos para países latinoamericanos que adquieren satélites o componentes a proveedores europeos como Airbus, Thales o OHB.
En segundo lugar, el modelo de soberanía espacial que articula el informe -invertir en capacidades propias en lugar de depender de infraestructura extranjera- es una referencia directa para los debates que se dan en Argentina, Brasil y México sobre sus propios programas espaciales. Europa está respondiendo a su dependencia de EE.UU. con miles de millones de euros. América Latina, que enfrenta una dependencia similar pero con presupuestos incomparablemente menores, observa ese proceso con atención y sin una hoja de ruta equivalente.
Finalmente, la consolidación de actores europeos en grandes primes podría reducir la diversidad de proveedores disponibles para la región, concentrando aún más las decisiones de compra en pocas empresas con enorme poder de negociación.




