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DiskSat: la NASA demostró en órbita que los satélites del futuro pueden ser tan planos como una pizza y revolucionar las megaconstelaciones

Ocho meses después de su lanzamiento, los cuatro DiskSats de The Aerospace Corporation completaron su demostración en órbita baja terrestre y presentaron sus resultados en la conferencia SmallSat 2026. El formato de disco de un metro de diámetro y 2,5 centímetros de espesor resolvió en vuelo real los desafíos de potencia, control térmico y maniobrabilidad que definen el acceso sostenido a la órbita muy baja, un régimen orbital que hasta ahora era prácticamente inaccesible para satélites de larga duración. Una empresa ya firmó una licencia comercial para producirlos.

Desde los primeros CubeSats en la década de 2000, los satélites pequeños adoptaron una forma que nadie cuestionó demasiado: una caja. Rectangular, apilable, estandarizada. El CubeSat de 10 × 10 × 10 centímetros se convirtió en la unidad de medida de toda una industria. Ahora The Aerospace Corporation -el principal think tank técnico del sector espacial militar y civil estadounidense- propone cambiar esa geometría por otra radicalmente diferente: un disco.

El vuelo inaugural de cuatro DiskSats se lanzó el 18 de diciembre de 2025 desde el Centro de Vuelo de Wallops de la NASA a bordo de un cohete Electron de Rocket Lab, que los depositó en una órbita de 550 kilómetros de altitud con una inclinación de 45 grados. El equipo de The Aerospace Corporation presentó en SmallSat 2026 los resultados de rendimiento y lecciones aprendidas de los primeros seis meses de operaciones.

La geometría como ventaja técnica

El DiskSat utiliza un formato de disco de un metro de diámetro y apenas 2,5 centímetros de profundidad, lo que le proporciona una relación de potencia por masa sin precedentes en un nanosatélite y el potencial de operar durante largos períodos en órbita terrestre muy baja.

Esa relación potencia-masa es la clave de todo el concepto. Un satélite necesita energía para operar sus instrumentos, sus sistemas de comunicaciones y, sobre todo, sus propulsores. En órbita muy baja -por debajo de los 350 kilómetros-, la resistencia atmosférica residual frena constantemente al satélite y exige propulsión continua para mantener la órbita. Un satélite que no tiene suficiente energía para alimentar ese propulsor cae. El disco, con su enorme superficie disponible para células solares, genera mucha más energía por kilogramo que cualquier caja del mismo peso.

Desarrollada por Catherine Venturini, investigadora principal del proyecto en The Aerospace Corporation, la lógica de diseño es directa: «Cuando bajamos a la órbita muy baja -por debajo de los 350 kilómetros- hay mucho arrastre y otros elementos que hay que superar. Gracias a la forma del DiskSat, podemos cambiar su orientación para tener un perfil de arrastre muy bajo. El objetivo es que, con propulsión eléctrica, podamos mantener una órbita muy baja durante un período determinado, lo que sería muy atractivo para muchos de nuestros clientes y sus intereses de misión».

Cómo funciona el sistema de despliegue

Los cuatro DiskSats fueron eyectados individualmente de forma controlada desde un dispensador cilíndrico hacia la órbita baja terrestre. Ese dispensador -una lata vertical en la que los discos se apilan como panqueques, de ahí el apodo que circuló en la industria antes del lanzamiento- es tan importante como el satélite mismo: define cuántos vehículos pueden colocarse dentro de un cohete y, por tanto, cuánto cuesta llenar una constelación.

«Toda la génesis de esto fue: ‘Queremos llenar una constelación en órbita con muchos satélites, rápido y barato’. Y con este factor de forma puedes apilar un montón de estos en un vehículo de lanzamiento y lanzarlos todos al mismo tiempo», explicó Venturini. Más satélites por lanzamiento significa menos lanzamientos o una constelación más grande al mismo costo.

«El lanzamiento salió perfectamente, y el dispensador de DiskSat funcionó exactamente como fue diseñado», declaró Darren Rowen, ingeniero jefe del proyecto. «Estamos satisfechos de haber establecido contacto con los cuatro DiskSats y esperamos el resto de la misión de demostración».

Los desafíos técnicos que solo el vuelo real podía revelar

Desarrollar el factor de forma bidimensional del DiskSat presentó una variedad de desafíos para la generación de energía, la gestión térmica, el control de actitud y el despliegue que solo podían probarse con un vuelo real en el espacio.

El control de actitud -el sistema que orienta el satélite en el espacio- es especialmente complejo en un disco. Un satélite cúbico puede rotar sobre tres ejes con relativa simetría. Un disco tiene una geometría asimétrica: es muy delgado en un eje y muy ancho en los otros dos, lo que genera comportamientos giroscópicos distintos. Resolver eso en vuelo real es exactamente para lo que sirve una misión de demostración.

Con 13 veces más superficie disponible para capacidades solares que los satélites convencionales equivalentes, el DiskSat desbloqueará el potencial futuro de las naves espaciales al habilitar operaciones en altitudes más bajas y cambios orbitales significativamente más rápidos, superando las capacidades de los satélites tradicionales.

Las aplicaciones militares y comerciales que motivan el proyecto

La Fuerza Espacial adjudicó a Rocket Lab un contrato de 14,4 millones de dólares para la misión STP-S30 en 2024, en el marco del Programa de Pruebas Espaciales del Departamento de Guerra, que provee acceso al espacio para sistemas experimentales con utilidad militar potencial.

El interés militar en la órbita muy baja no es casual. A 300 kilómetros de altitud, un satélite de observación terrestre puede tomar imágenes con una resolución varios veces superior a la de un satélite equivalente en órbita estándar de 500 kilómetros. Para aplicaciones de reconocimiento, monitoreo de amenazas y vigilancia de infraestructura crítica, esa diferencia de resolución puede ser decisiva.

Pero las aplicaciones civiles son igualmente relevantes. Comparada con las altitudes típicas de la órbita terrestre baja -entre 500 y 1.200 kilómetros-, la órbita muy baja, por debajo de los 450 kilómetros, ofrece capacidades de imagen y detección más nítidas debido a la mayor proximidad a la Tierra, además de menores latencias de comunicación.

La transición comercial ya comenzó

La velocidad a la que el concepto se está transfiriendo al sector privado es una señal del interés que despertó la demostración. Orbotic Systems Inc. firmó en febrero de 2026 un acuerdo de licencia comercial con The Aerospace Corporation para el uso de la tecnología DiskSat, con planes de utilizarla como plataforma para un explorador de sensores en órbita muy baja, incluyendo estudios de integración para su sensor WIND de medición de densidad de vientos, iones y partículas neutras.

«Siempre fue nuestro plan que DiskSat se transfiriera a la industria lo más rápido posible», señaló Deb Salvaggio, directora de Transferencia de Tecnología de Aerospace Corporation.

La lectura para América Latina

El DiskSat es relevante para la región por dos razones convergentes. La primera es técnica: la órbita muy baja ofrece capacidades de observación terrestre y monitoreo ambiental de alta resolución que tienen aplicaciones directas en agricultura de precisión, gestión de recursos hídricos, monitoreo de desastres y vigilancia de infraestructura —todas áreas prioritarias para los países latinoamericanos.

La segunda es económica: si el formato de disco permite reducir significativamente el costo de construir y desplegar constelaciones -más satélites por cohete, menos lanzamientos necesarios-, el acceso a ese tipo de infraestructura podría volverse más accesible para agencias y operadores de la región que hoy dependen de constelaciones externas para obtener imágenes satelitales. No es una promesa inmediata, pero la demostración en vuelo real completa el ciclo de validación que precede a cualquier adopción comercial a escala.

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