La empresa privada china Landspace aterrizó verticalmente la primera etapa de su cohete Zhuque-3 el 19 de agosto, apenas ocho meses después de haberlo intentado sin éxito. El vehículo -con capacidad de carga similar al Falcon 9 de SpaceX- opera con metano y oxígeno líquido, puso en órbita un satélite comercial y ya tiene planes de reutilizar el propulsor recuperado antes de fin de año. La carrera por los cohetes reutilizables dejó de ser monopolio de SpaceX.
El mercado global de lanzamiento espacial acaba de volverse más competitivo. Este miércoles 19 de agosto, la empresa privada china Landspace marcó un hito en la carrera espacial global al recuperar con éxito la primera etapa de su cohete Zhuque-3 en un aterrizaje vertical controlado en tierra firme, convirtiéndose en la cuarta entidad del mundo en recuperar un cohete orbital, uniéndose al club de SpaceX, Blue Origin y la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China (CASC).
El dato de ser la cuarta entidad mundial -y la segunda privada, después de SpaceX- subraya el avance acelerado del sector espacial privado chino, que en menos de una década pasó de no existir a competir en la misma categoría técnica que los líderes globales.
El vuelo: lanzamiento, misión orbital y aterrizaje en el desierto
El lanzamiento del Zhuque-3 Y2 se produjo a las 7:35 hora local desde la Zona de Innovación y Pruebas Espaciales Comerciales de Dongfeng, dentro del Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan, en el desierto de Gobi. El cohete completó con éxito su misión principal al colocar en órbita el satélite Honghu-03, fabricado por la filial de Landspace, Hongqing Technology.
La secuencia de recuperación fue precisa. Aproximadamente 137 segundos después del despegue, la primera etapa se separó de la segunda para iniciar un descenso controlado. Realizó un aterrizaje suave y vertical en una zona de recuperación designada en el condado de Minqin, provincia de Gansu, a unos 390 kilómetros al sureste del lugar de lanzamiento. Las patas de aterrizaje se desplegaron en los momentos finales para asegurar una operación exitosa, marcando la primera vez que China logra esta hazaña en tierra con un cohete de esta clase.
El aterrizaje en tierra firme -a diferencia de las plataformas flotantes en el océano que también usa SpaceX- simplifica la logística de recuperación y permite inspecciones más rápidas del propulsor recuperado, lo que acelera el ciclo hacia la reutilización.
Las especificaciones técnicas: un competidor directo del Falcon 9
El Zhuque-3 es un cohete de dos etapas fabricado en acero inoxidable, con un diámetro de 4,5 metros y una masa en el despegue de aproximadamente 570 toneladas métricas. Con una altura de unos 66 metros, su primera etapa está propulsada por nueve motores Tianque de oxígeno líquido y metano. Su capacidad de colocar una carga útil a la órbita terrestre baja alcanza los 21.000 kilogramos en modo desechable, y hasta 18.300 kilos cuando se recupera la primera etapa, lo que lo sitúa en una categoría similar al Falcon 9 de SpaceX.
La elección del metano como propelente no es accidental. Es el mismo combustible que usa el Starship de SpaceX y el New Glenn de Blue Origin. El metano tiene varias ventajas respecto al queroseno -el propelente del Falcon 9- para aplicaciones de reutilización: genera menos residuo de carbono en los motores tras la combustión, lo que facilita la inspección y limpieza entre vuelos y puede reducir significativamente los costos de mantenimiento entre misiones.
Según la empresa, el coste del combustible de oxígeno líquido y metano representa entre el 1% y el 3% del total del lanzamiento, mientras que la primera etapa del cohete supone aproximadamente el 70%. Por lo tanto, cuantas más veces pueda reutilizarse el cohete, menor será el costo por lanzamiento. Esta ecuación económica es exactamente la misma que impulsó a SpaceX a invertir años en el desarrollo del Falcon 9 reutilizable, y que le permitió reducir el costo de acceso al espacio de forma radical.
De un fracaso a un éxito en ocho meses
El logro del Zhuque-3 Y2 es especialmente significativo ya que ocurre apenas ocho meses y medio después de su vuelo de debut, que alcanzó la órbita pero falló en su intento de recuperar la primera etapa durante las fases finales del descenso. Aquel primer intento, ocurrido en diciembre de 2025, marcó el primer intento de recuperación de un cohete orbital de China, seguido semanas después por un intento fallido del Larga Marcha 12A de la estatal CASC.
La velocidad de la corrección es un indicador de madurez técnica. Tras el fracaso inicial, Landspace implementó varias mejoras en el Y2: la reducción del número de motores utilizados durante la combustión de aterrizaje para simplificar el sistema y mejorar la fiabilidad, la adición de un «punto de aterrizaje previsto» al sistema de control de seguridad autónomo a bordo, y una protección térmica mejorada para soportar el calor extremo del reingreso y las cargas estructurales.
Identificar la causa del fallo, corregirla y volver a volar en menos de nueve meses es el mismo ciclo de iteración rápida que aplicó SpaceX durante el desarrollo del Falcon 9 reutilizable -y que le dio una ventaja competitiva que sus rivales tardaron años en empezar a cerrar-.
La hoja de ruta: reutilización real antes de fin de año
El aterrizaje de ayer no es solo un hito simbólico: tiene un plan de acción inmediato. «Esta misión sienta una base sólida para los vuelos de recuperación, mantenimiento, reutilización y aplicaciones comerciales posteriores», declaró Landspace en un comunicado posterior al lanzamiento. La empresa ya había anunciado a principios de año su intención de reutilizar la primera etapa recuperada en el cuarto trimestre de 2026.
Si ese plazo se cumple, el cuarto trimestre traerá el primer relanzamiento de un propulsor reutilizable chino de empresa privada, cerrando el ciclo completo: recuperación, inspección, preparación y nuevo vuelo.
El contexto estratégico: megaconstelaciones e IPO
Se espera que el Zhuque-3 desempeñe un papel crucial en los esfuerzos de China por construir las megaconstelaciones de satélites en órbita terrestre baja, como es el caso de Guowang. Guowang es la constelación estatal china de internet satelital, equivalente funcional al Starlink de SpaceX, que contempla más de 13.000 satélites en órbita baja. Un cohete con capacidad de carga similar al Falcon 9 y costos de lanzamiento en descenso gracias a la reutilización es precisamente el tipo de infraestructura que China necesita para desplegar esa constelación a escala y a velocidad.
Este éxito también tendrá relevancia para la oferta pública inicial (IPO) pendiente de Landspace en el mercado tecnológico de la Bolsa de Shanghái. Un vuelo exitoso con recuperación es el tipo de hito que transforma la percepción de riesgo tecnológico de un inversor: demuestra que la empresa no solo tiene capacidad teórica sino dominio técnico demostrado en vuelo real.
La lectura para América Latina
El éxito del Zhuque-3 tiene implicancias concretas para la región en al menos dos dimensiones.
La primera es de mercado. Si Landspace logra consolidar la reutilización y reducir sus costos de lanzamiento, China dispondrá de un cohete comercialmente competitivo que podría ofrecerse a operadores latinoamericanos como alternativa a SpaceX. Varios países de la región -incluyendo Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba- ya han utilizado plataformas chinas para sus satélites. Un Zhuque-3 comercialmente maduro ampliaría ese menú con un vehículo de clase media-alta en costo y capacidad.
La segunda es geopolítica. La competencia entre un sector espacial privado chino en rápida maduración y el ecosistema liderado por SpaceX en EE.UU. está redefiniendo las reglas del mercado de lanzamiento global. Para los países latinoamericanos que aún no tienen capacidad de lanzamiento propia, esa competencia es potencialmente buena noticia: más proveedores con cohetes reutilizables significa más presión a la baja sobre los precios y más opciones para no depender de un único actor dominante.





