El fundador de Blue Origin reconoció que llevar infraestructura computacional al espacio es una posibilidad real, pero advirtió que los plazos de dos o tres años que circulan en la industria son demasiado optimistas. La carrera entre Blue Origin y SpaceX por dominar la órbita baja terrestre ya tiene proyectos concretos y fechas tentativas.
La idea de instalar centros de datos en el espacio -instalaciones capaces de procesar y almacenar datos desde órbita- dejó de ser una especulación de ciencia ficción. Está en la agenda de algunas de las empresas tecnológicas más poderosas del mundo. Sin embargo, Jeff Bezos, fundador de Amazon y de la empresa espacial Blue Origin, salió a templar las expectativas: el fundador considera que los plazos de dos a tres años que algunos promueven son demasiado optimistas.
¿Qué son los centros de datos espaciales y por qué importan?
Un centro de datos es, en términos simples, una instalación llena de servidores que procesan y almacenan información digital. Hoy, esos enormes edificios consumen cantidades masivas de electricidad y ocupan superficies equivalentes a varios estadios de fútbol, sobre todo porque la expansión de la inteligencia artificial disparó la demanda de capacidad de cómputo.
La propuesta de llevarlos al espacio parte de una ventaja concreta: en órbita sería posible captar energía solar de forma continua, sin las limitaciones de la atmósfera terrestre y sin depender de terrenos cada vez más escasos y costosos. Es decir, el espacio resolvería dos de los principales cuellos de botella del sector: energía y espacio físico.
Las barreras que Bezos identifica
Durante una conversación con CNBC, Bezos afirmó que llevar centros de datos al espacio es un resultado «muy realista», pero señaló que cuando escucha plazos de «dos o tres años», eso le parece «un poco ambicioso».
Su argumento es técnico y económico a la vez. Para que estos proyectos sean viables a gran escala, todavía deben reducirse los costos de energía, de los chips de procesamiento y de los lanzamientos orbitales. Ese último punto es clave: aunque la reutilización de cohetes redujo considerablemente los precios respecto a décadas anteriores, enviar infraestructura computacional al espacio y mantenerla operativa en un entorno extremo sigue siendo extraordinariamente caro.
Blue Origin ya presentó sus planes concretos
Las advertencias de Bezos no implican que Blue Origin esté al margen de esta carrera. Todo lo contrario. En marzo, la compañía presentó ante la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos planes para enviar 51.600 satélites de centros de datos a la órbita baja terrestre, bajo el nombre «Project Sunrise».
Esos satélites estarían respaldados por una constelación denominada TeraWave, y la empresa espera comenzar su despliegue en el cuarto trimestre de 2027. La órbita baja terrestre —la zona que va desde los 200 hasta aproximadamente los 2.000 kilómetros de altitud— es la misma que utilizan constelaciones como Starlink. Su ventaja es la baja latencia en las comunicaciones respecto a los satélites geoestacionarios tradicionales.
La competencia con SpaceX y la apuesta de Musk
La disputa por este segmento tiene un rival de peso. En febrero, Elon Musk señaló que construir «centros de datos orbitales» era una de las principales razones para fusionar SpaceX con su startup de inteligencia artificial xAI. Esa jugada busca integrar en una sola estructura la capacidad de lanzamiento de cohetes con el desarrollo de IA, algo que ninguna otra empresa puede hacer hoy.
SpaceX fue valorada en 1,25 billones de dólares tras su fusión con xAI, y de cara a su salida a bolsa podría aspirar a una valuación de 1,75 billones de dólares o más. Esos números explican en buena parte por qué el entusiasmo de Wall Street por el sector espacial se disparó en los últimos meses.
La visión más amplia: de la órbita a la Luna
Bezos fue más allá de los centros de datos al describir su hoja de ruta. Sus planes contemplan trasladar industria desde la Tierra hacia la Luna, incluyendo la construcción de células solares fabricadas con materiales lunares, que podrían lanzarse al espacio con mayor facilidad gracias a la menor gravedad del satélite natural. También mencionó que Blue Origin trabaja junto a la NASA para establecer una base permanente en la Luna.
Para la región, esta dimensión no es menor. América Latina todavía depende de infraestructura digital instalada principalmente en Estados Unidos y Europa. La consolidación de redes satelitales de baja órbita -como Starlink o la futura TeraWave- podría cambiar esa ecuación, especialmente para zonas rurales o con conectividad limitada. El debate sobre dónde se instala y quién controla la infraestructura orbital tendrá implicancias directas para la soberanía digital de la región.
Entre la cautela técnica y la certeza estratégica
Bezos fue enfático al advertir que quienes consideran todo esto ciencia ficción deberían ser cautelosos: «Es real, está sucediendo», dijo. Y añadió que «probablemente va a suceder más rápido de lo que la mayoría de la gente piensa».
La tensión entre esa convicción y sus advertencias sobre los plazos define con precisión el momento actual del sector: la dirección es clara, los proyectos son concretos, pero la distancia entre la visión y la ejecución todavía depende de resolver problemas de ingeniería y costos que no tienen solución inmediata. Para la industria satelital en América Latina, seguir de cerca estos desarrollos ya no es opcional.
